Esta vez sí. Estados Unidos disfrutó de su primera victoria al derrotar a Costa Rica, en una buena exhibición futbolística que le permite recuperar posiciones y dejar nuevamente en sus manos el pase a la próxima ronda de la Copa América que tiene a su cargo.
Los anfitriones se debían un triunfo así para seguir en carrera y de paso retribuir la paciencia y el entusiasmo de su público que aguantó sin reproches el debut con derrota ante Colombia, la favorita del grupo.
Buen desempeño del equipo dirigido por Jurgen Klinsman, que hizo gala de contundencia con el aporte de Clint Dempsey (de penal) y Jermaine Jones en la primera parte, y de Bobby Wood y Graham Zusi, en el complemento.
Si derrota a Paraguay, en su próximo compromiso, continuará en el certamen; si iguala, tendrá que esperar que ocurre entre Costa Rica y la ya clasificada Colombia.
miércoles, 8 de junio de 2016
¡YES...!
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Copa América Centenario,
Costa Rica,
Estados Unidos
martes, 7 de junio de 2016
SIN NOVEDAD EN EL FRENTE
Bolivia no ofreció mayores novedades en el inicio de su participación en la Copa América Centenario. Sigue siendo la misma de siempre, un equipo débil y vulnerable al que le cuesta jugar bien y ganar.
Sumó una nueva derrota en su historial en el debut frente a la entuasiasta Panamá, que con unos cuantos chispazos y aciertos ofensivos se quedó con la victoria, oscureciendo el panorama nacional en el torneo.
Muy mal la defensa, flojo el mediocampo y débil el ataque. El 3-5-2 delegido por Julio Césaar Baldivieso no funcionó como seguramente pensaba y tuvo que modificarlo al iniciarse el segundo tiempo.
Eguino tuvo una jornada fatal, Zenteno y Cabrera tampoco hicieron pie en la zaga central. Los Bejarano, Diego y Marvin, no cumplieron bien el rol de laterales volantes; no marcaron ni se proyectaron. En cambio, Lampe respondió en el arco.
En el medio, a Fernando Saucedo y Azogue les costó afirmarse en la recuperación de pelota, en tanto que Smedberg resultó importante en su rol de ejecutor de falta con pelota detenidas. El sueco arrimó a Bolivia al arco contrario a punta de tiros libres.
Arriba, Arce se las rebuscó solo y anotó un golazo, el del empate transitorio. A Duk le dieron pocas pelotas, sólo una buena, inmejorable, y falló con el arco por delante porque se dejó robar la pelota al tratar de acomodarse para rematar.
Baldivieso optó por Melean y Jhasmani Campos para modificar el esquema, pasar del 5-3-2 al 4-4-2, contar con más mediocampistas de oficio, sin embargo la mejoría fue a medias y no alcanzó para superar a Panamá.
Era el partido para recuperar confianza y potenciar la fe, aquella que nos ayuda a perseguir la felicidad, cuando las cosas no andan muy bien. Pero Bolivia desaprovechó la ocasión y ahora tiene que cargar con el peso de la desilusión.
Sumó una nueva derrota en su historial en el debut frente a la entuasiasta Panamá, que con unos cuantos chispazos y aciertos ofensivos se quedó con la victoria, oscureciendo el panorama nacional en el torneo.
Muy mal la defensa, flojo el mediocampo y débil el ataque. El 3-5-2 delegido por Julio Césaar Baldivieso no funcionó como seguramente pensaba y tuvo que modificarlo al iniciarse el segundo tiempo.
Eguino tuvo una jornada fatal, Zenteno y Cabrera tampoco hicieron pie en la zaga central. Los Bejarano, Diego y Marvin, no cumplieron bien el rol de laterales volantes; no marcaron ni se proyectaron. En cambio, Lampe respondió en el arco.
En el medio, a Fernando Saucedo y Azogue les costó afirmarse en la recuperación de pelota, en tanto que Smedberg resultó importante en su rol de ejecutor de falta con pelota detenidas. El sueco arrimó a Bolivia al arco contrario a punta de tiros libres.
Arriba, Arce se las rebuscó solo y anotó un golazo, el del empate transitorio. A Duk le dieron pocas pelotas, sólo una buena, inmejorable, y falló con el arco por delante porque se dejó robar la pelota al tratar de acomodarse para rematar.
Baldivieso optó por Melean y Jhasmani Campos para modificar el esquema, pasar del 5-3-2 al 4-4-2, contar con más mediocampistas de oficio, sin embargo la mejoría fue a medias y no alcanzó para superar a Panamá.
Era el partido para recuperar confianza y potenciar la fe, aquella que nos ayuda a perseguir la felicidad, cuando las cosas no andan muy bien. Pero Bolivia desaprovechó la ocasión y ahora tiene que cargar con el peso de la desilusión.
FIEL A SI MISMO
Hace unos meses no referimos en blog sobre el desembarco de Julio César
Baldivieso en la selección nacional como director técnico, su particular comportamiento y su controvertida manera de ser.
Dijimos que no pasaría inadvertido, más por su manera de ser que por los resultados que obtenga. Dicho y hecho. Se esfrasca cada vez en polémicas con dirigentes.
Apuntamos que hay quienes lo apoyan incondicionalmente, pero que también existen muchos que no están de acuerdo con él y lo desaprueban. Eso se mantiene, aunque ahora son muchos más los que están en contra suya que a su favor.
Indicamos que el apoyo mayoritario lo tiene en el occidente boliviano por haber vestido la camiseta de Bolívar, Wilstermann y el seleccionado nacional, y que sus detractores se encuentran en el Oriente por su postura "anti camba". Hoy lo critican allá y acá, y cada vez más.
Señalamos que su incontinencia verbal potenció su condición de personaje polémico y dividió aguas. Desde octubre a la fecha, aumentó leña al fuego.
El cochabambino, lamentablemente, fue, hasta la fecha, fiel a si mismo. Nunca le transmitió paz y tranquilidad a una selección boliviana que necesita de un ambiente donde haya unión para hacerse fuerte.
Ojalá cambie, de lo contrario no durará mucho en el cargo, más aún si los resultados no lo acompañan.
Dijimos que no pasaría inadvertido, más por su manera de ser que por los resultados que obtenga. Dicho y hecho. Se esfrasca cada vez en polémicas con dirigentes.
Apuntamos que hay quienes lo apoyan incondicionalmente, pero que también existen muchos que no están de acuerdo con él y lo desaprueban. Eso se mantiene, aunque ahora son muchos más los que están en contra suya que a su favor.
Indicamos que el apoyo mayoritario lo tiene en el occidente boliviano por haber vestido la camiseta de Bolívar, Wilstermann y el seleccionado nacional, y que sus detractores se encuentran en el Oriente por su postura "anti camba". Hoy lo critican allá y acá, y cada vez más.
Señalamos que su incontinencia verbal potenció su condición de personaje polémico y dividió aguas. Desde octubre a la fecha, aumentó leña al fuego.
El cochabambino, lamentablemente, fue, hasta la fecha, fiel a si mismo. Nunca le transmitió paz y tranquilidad a una selección boliviana que necesita de un ambiente donde haya unión para hacerse fuerte.
Ojalá cambie, de lo contrario no durará mucho en el cargo, más aún si los resultados no lo acompañan.
jueves, 15 de octubre de 2015
SUMA, RESTA y DIVISIÓN
Julio César Baldivieso no pasa ni pasará inadvertido como director técnico de la selección boliviana, más por su manera de ser que por los resultados que obtenga. Suma, resta y divide desde hace mucho tiempo.
Hay quienes lo apoyan incondicionalmente, pero también existen muchos que no están de acuerdo con él y lo desaprueban. Todo parte de la simpatía y antipatía que genera Baldivieso desde la época en la que era futbolista.
Baldivieso cuenta con apoyo mayoritario en el occidente boliviano, donde cautivó a la gente con su innegable carisma vistiendo la camiseta de Bolívar, Wilstermann y el seleccionado nacional.
La mayoría de sus detractores se encuentran en el Oriente, donde se ganó antipatías por actitudes y declaraciones desafiantes y, en cierta manera, arrogantes, tanto de futbolista como de entrenador, y por su postura "anti camba".
Su incontinencia verbal como director técnico boliviano potenció su condición de personaje polémico y dividió las aguas mucho más por su posición crítica tras su debut al frente del seleccionado.
A Baldivieso no le gustó la actuación en aquella goleada ante Argentina en Estados Unidos, partido que no estaba de acuerdo en jugar, y, sin ningún filtro, dijo lo que pensaba: criticó la falta de amor propio, el liderazgo del capitán del equipo (Ronald Raldes), el intercambio de camisetas luego la derrota y la indiferencia ante la caída.
Un Baldivieso auténtico. Frontal, sin pelos en la lengua, poco diplomático, polémico (¿liero?) y hasta vanidoso, porque se refirió al orgullo que mostraba él como futbolista cuando perdía un partido.
Sus declaraciones originaron la renuncia inmediata de Raldes y Marcelo Martins al seleccionado, y generaron críticas de futbolistas como Pablo Escobar y Romel Quiñonez, que ni siquiera había integrado la delegación.
La actitud presuntuosa de los jugadores puso en jaque el proceso recién iniciado por el controvertido cochacabambino y le sumaron detractores.
Incluso algunos periodistas han tomado posición a raíz de la deserción de Raldes y Martins, y a partir de ahí, todo lo que hace Baldivieso es motivo de crítica, provocando una estéril disputa que lo único que hace es generar controversia y un ambiente negativo para el equipo boliviano.
Baldivieso atiza la disputa respondiendo a cualquier observación que le se realiza en los medios y se siente perseguido, incluso está convencido de que existe una conspiración "camba" en su contra.
Hace poco, Guido Loayza, presidente de Bolívar, abrió otro frente de batalla, al declarar que el entrenador "vendía humo" por mostrarse optimista. Y, fiel a sí mismo, Baldivieso salió "al humo" a contestarle.
Mientras tanto, Bolivia sigue sumando frustraciones en el fútbol internacional. Derrota ante Uruguay y Ecuador que dejan a Bolivia mucho más lejos de Rusia, el anfitrión del próximo Mundial.
El escenario es de los peores para un seleccionado que es víctima de polémicas destructivas y, por si fuera poco, sufre otro tipo de problemas, casi ancestrales, como la desorganización.
Hay quienes lo apoyan incondicionalmente, pero también existen muchos que no están de acuerdo con él y lo desaprueban. Todo parte de la simpatía y antipatía que genera Baldivieso desde la época en la que era futbolista.
Baldivieso cuenta con apoyo mayoritario en el occidente boliviano, donde cautivó a la gente con su innegable carisma vistiendo la camiseta de Bolívar, Wilstermann y el seleccionado nacional.
La mayoría de sus detractores se encuentran en el Oriente, donde se ganó antipatías por actitudes y declaraciones desafiantes y, en cierta manera, arrogantes, tanto de futbolista como de entrenador, y por su postura "anti camba".
Su incontinencia verbal como director técnico boliviano potenció su condición de personaje polémico y dividió las aguas mucho más por su posición crítica tras su debut al frente del seleccionado.
A Baldivieso no le gustó la actuación en aquella goleada ante Argentina en Estados Unidos, partido que no estaba de acuerdo en jugar, y, sin ningún filtro, dijo lo que pensaba: criticó la falta de amor propio, el liderazgo del capitán del equipo (Ronald Raldes), el intercambio de camisetas luego la derrota y la indiferencia ante la caída.
Un Baldivieso auténtico. Frontal, sin pelos en la lengua, poco diplomático, polémico (¿liero?) y hasta vanidoso, porque se refirió al orgullo que mostraba él como futbolista cuando perdía un partido.
Sus declaraciones originaron la renuncia inmediata de Raldes y Marcelo Martins al seleccionado, y generaron críticas de futbolistas como Pablo Escobar y Romel Quiñonez, que ni siquiera había integrado la delegación.
La actitud presuntuosa de los jugadores puso en jaque el proceso recién iniciado por el controvertido cochacabambino y le sumaron detractores.
Incluso algunos periodistas han tomado posición a raíz de la deserción de Raldes y Martins, y a partir de ahí, todo lo que hace Baldivieso es motivo de crítica, provocando una estéril disputa que lo único que hace es generar controversia y un ambiente negativo para el equipo boliviano.
Baldivieso atiza la disputa respondiendo a cualquier observación que le se realiza en los medios y se siente perseguido, incluso está convencido de que existe una conspiración "camba" en su contra.
Hace poco, Guido Loayza, presidente de Bolívar, abrió otro frente de batalla, al declarar que el entrenador "vendía humo" por mostrarse optimista. Y, fiel a sí mismo, Baldivieso salió "al humo" a contestarle.
Mientras tanto, Bolivia sigue sumando frustraciones en el fútbol internacional. Derrota ante Uruguay y Ecuador que dejan a Bolivia mucho más lejos de Rusia, el anfitrión del próximo Mundial.
El escenario es de los peores para un seleccionado que es víctima de polémicas destructivas y, por si fuera poco, sufre otro tipo de problemas, casi ancestrales, como la desorganización.
DÉBIL COMO SIEMPRE
Bolivia es fiel a sí misma, no cambia, lamentablemente. Otra vez mostró una magen deslucida y presenta un futuro desolador.
Sumó derrotas en sus dos primeras presentaciones en las eliminatorias, complicando mucho el panorama en esta carrera que tiene como meta el Mundial de Rusia 2018.
Los problemas que confrontó el seleccionado nacional con el controvertido Julio César Baldivieso al frente no permitían alentar muchas esperanzas, sin embargo, hay gente que cree que en el fútbol las cosas se dan por arte de magia y exigía por los menos una victoria en casa.
Bolivia hoy es el equipo peor preparado de Sudamérica. No juega partidos amistosos casi nunca, no cuenta con una renovación de jugadores desde hace tiempo y, a diferencia de otras selecciones, tampoco tiene futbolistas de jerarquía dentro y fuera del país.
El traspié ante Uruguay como local y caída frente a Ecuador de visitante no sorprenden por el panorama poco alentador con el que arrancó este proceso, debilitado a causa de renuncias y lesiones.
Bolivia chocó primero con el oficio y la inteligencia del equipo uruguayo en el estadio Hernando Siles, que hace tiempo dejó de ser el reducto inexpugnable para los visitantes. La voluntad no fue suficiente para sumar de local. Además, es muy difícil ganar cuando se cometen errores defensivos garrafales.
Contra Ecuador, la selección nacional tuvo un buen comportamiento defensivo, pero pobre en ataque. Controló a los jugadores más importantes del rival, hasta que uno de esos comunes errores defensivos posibilitaron el triunfo del local. No hubo la goleada que se presagiaba, pero sumó la segunda derrota al hilo ante un adversario superior.
Quedó en evidencia la diferencia de potencial que existe en estos momentos entre Bolivia y sus adversarios, tanto en el plano individual como colectivo.
Mal comienzo, como casi siempre. En las dos últimas eliminatorias, Bolivia apenas logró un punto en cinco partidos. Hoy está en cero, pero recibirá a Venezuela en la próxima fecha.
Sumó derrotas en sus dos primeras presentaciones en las eliminatorias, complicando mucho el panorama en esta carrera que tiene como meta el Mundial de Rusia 2018.
Los problemas que confrontó el seleccionado nacional con el controvertido Julio César Baldivieso al frente no permitían alentar muchas esperanzas, sin embargo, hay gente que cree que en el fútbol las cosas se dan por arte de magia y exigía por los menos una victoria en casa.
Bolivia hoy es el equipo peor preparado de Sudamérica. No juega partidos amistosos casi nunca, no cuenta con una renovación de jugadores desde hace tiempo y, a diferencia de otras selecciones, tampoco tiene futbolistas de jerarquía dentro y fuera del país.
El traspié ante Uruguay como local y caída frente a Ecuador de visitante no sorprenden por el panorama poco alentador con el que arrancó este proceso, debilitado a causa de renuncias y lesiones.
Bolivia chocó primero con el oficio y la inteligencia del equipo uruguayo en el estadio Hernando Siles, que hace tiempo dejó de ser el reducto inexpugnable para los visitantes. La voluntad no fue suficiente para sumar de local. Además, es muy difícil ganar cuando se cometen errores defensivos garrafales.
Contra Ecuador, la selección nacional tuvo un buen comportamiento defensivo, pero pobre en ataque. Controló a los jugadores más importantes del rival, hasta que uno de esos comunes errores defensivos posibilitaron el triunfo del local. No hubo la goleada que se presagiaba, pero sumó la segunda derrota al hilo ante un adversario superior.
Quedó en evidencia la diferencia de potencial que existe en estos momentos entre Bolivia y sus adversarios, tanto en el plano individual como colectivo.
Mal comienzo, como casi siempre. En las dos últimas eliminatorias, Bolivia apenas logró un punto en cinco partidos. Hoy está en cero, pero recibirá a Venezuela en la próxima fecha.
martes, 15 de septiembre de 2015
LOS NÚMEROS DE MARTINS
Marcelo Martins anunció que no jugará en la selección boliviana mientras Julio César Baldivieso sea su entrenador, porque considera que no genera un ambiente saludable para realizar una buena campaña en las eliminatorias rumbo al Mundial de Rusia 2018.
Martins es el jugador más importante de Bolivia en la actualidad por su trayectoria, y resulta poco menos que imprescindible.
Sin embargo, sus números no son de los mejores en el cuadro nacional.
El atacante, de 28 años, que milita en el Changchun Yatai chino, empezó a vestir la casaca verde hace ocho años. Debutó en un encuentro amistoso frente a Perú en 2007. Hasta la fecha, disputó 54 partidos y convirtió catorce goles.
Su promedio de gol es muy bajo, apenas 0.26 tantos por encuentro. Ocupa el sexto lugar en la tabla histórica de goleadores del seleccionado boliviano, que lidera Joaquín Botero con 20 goles en 48 partidos, con un media de 0.42. Luego están Víctor Agustín Ugarte (16), Carlos Aragonés (15) y Erwin Sánchez (15).
Casualmente, Martins está debajo de Baldivieso en la tabla de artilleros. El otrora mediocampista y hoy director técnico anotó 15 goles en 85 cotejos.
Martins convirtió siete goles en quince cotejos en la eliminatoria del Mundial 2010. Fue el segundo goleador del equipo, detrás de Botero que convirtió 8 en seis encuentros. En la eliminatoria del Mundial 2014, logró cuatro tantos en quince partidos. Ninguno de ellos sirvió para ganar.
Martins es el jugador más importante de Bolivia en la actualidad por su trayectoria, y resulta poco menos que imprescindible.
Sin embargo, sus números no son de los mejores en el cuadro nacional.
El atacante, de 28 años, que milita en el Changchun Yatai chino, empezó a vestir la casaca verde hace ocho años. Debutó en un encuentro amistoso frente a Perú en 2007. Hasta la fecha, disputó 54 partidos y convirtió catorce goles.
Su promedio de gol es muy bajo, apenas 0.26 tantos por encuentro. Ocupa el sexto lugar en la tabla histórica de goleadores del seleccionado boliviano, que lidera Joaquín Botero con 20 goles en 48 partidos, con un media de 0.42. Luego están Víctor Agustín Ugarte (16), Carlos Aragonés (15) y Erwin Sánchez (15).
Casualmente, Martins está debajo de Baldivieso en la tabla de artilleros. El otrora mediocampista y hoy director técnico anotó 15 goles en 85 cotejos.
Martins convirtió siete goles en quince cotejos en la eliminatoria del Mundial 2010. Fue el segundo goleador del equipo, detrás de Botero que convirtió 8 en seis encuentros. En la eliminatoria del Mundial 2014, logró cuatro tantos en quince partidos. Ninguno de ellos sirvió para ganar.
EL EQUIPO DE NADIE
Pobre selección boliviana. Se encuentra hoy en uno de los peores momentos de la historia del fútbol nacional. Desprotegida y maltratada por todos quienes tienen que ver con ella a apenas tres semanas de su debut en las eliminatorias para la Copa del Mundo Rusia 2018.
Está en manos de dirigentes incapaces de generarle un ambiente propicio para trabajar de manera tranquila y cómoda, un sindicato de jugadores que le pone trabas con un paro inútil e inoportuno, de jugadores inmaduros y susceptibles, y un entrenador que cae en la confrontación innecesaria generando el peor de los ambientes.
Los dirigentes, aquellos que se hicieron del manejo del fútbol destituyendo a Carlos Chávez, no han logrado hacer nada de la manera correcta hasta el momento, desnudando una total falta de liderazgo y carencia de planes concretos incluso para la selección.
A esto se suma el riesgo que están asumiendo de enfrentar nada menos que a la Conmebol en un tribunal internacional, el TAS, porque no reconoce su elección y continúa considerando a Chávez como el máximo dirigente del fútbol nacional, con la descabellada y ridícula idea de uno de sus integrantes de abandonar dicha entidad para afiliarse a la Concacaf.
Fabol decide ir hasta las últimas consecuencias con el paro en el fútbol de la Liga por las deudas de Wilstermann, Blooming y San José, advirtiendo que a la selección no concurrirá ninguno de sus afiliados.
Al parecer, los dirigentes del sindicato no se han puesto a pensar lo que representaría para el fútbol boliviano no presentarse a jugar las eliminatorias del Mundial, tomando en cuenta que los ingresos por la venta de derechos de televisión es la tabla de salvación de los clubes. De esa plata sale el dinero para pagar a los jugadores que ellos defienden...
Ronald Raldes empezó el desbande de jugadores del seleccionando, renunciando porque lo venía pensando desde hace un tiempo, pero a la vez porque le llegaron a sus oídos ciertos comentarios de Julio César Baldivieso, que ponían en duda su continuidad como capitán e incluso una futura convocatoria.
A ese dicen que dijo se sumó Marcelo Martins, anunciando también su alejamiento del seleccionado que supuestamente ama, porque no concuerda con la controvertida personalidad del flamante director técnico del equipo boliviano. "Fueron varias declaraciones infelices desde nuestro último juego...", dijo el atacante.
También Alejandro Chumacero dejó en duda su continuidad al manifestar que ponía su lugar "a disposición" de quien dijo que era "un pecho frío" (?).
Baldivieso no midió sus declaraciones luego del papelón con goleada que soportó Bolivia ante Argentina, en su debut como entrenador, y chocó con jugadores consagrados poco acostumbrados a que les digan las cosas sin miramientos. Es un rasgo de su personalidad que muchos le critican, pero siempre fue así, como jugador primero y como entrenador después.
A algunos jugadores no les gustó que Baldivieso criticara el hecho de que cambiaran camisetas con los argentinos después de la goleada, a otros no les pareció bien que reclamará otra actitud, que dejara entrever que elegiría un nuevo capitán, y que dijera que habrían novedades en su primera convocatoria para enfrentar a Uruguay y Ecuador.
Uno podrá criticar sus maneras, pero no se puede discutir que tenía razón en muchas cosas de las que dijo luego del encuentro con Argentina, y que tiene todo el derecho de tomar las decisiones que crea necesarias, porque para eso se lo eligió.
A los jugadores habría que recordarles que no juegan para Baldivieso, que lo hacen para Bolivia, que la selección nacional debería estar por encima de cualquier disgusto y que todo se puede solucionar conversando.
La selección nacional, lamentablemente, dejó de ser el equipo de todos y se ha convertido en el que de nadie. Y, si usted prefiere, para no ser tan drásticos, en el equipo de unos cuantos.
Está en manos de dirigentes incapaces de generarle un ambiente propicio para trabajar de manera tranquila y cómoda, un sindicato de jugadores que le pone trabas con un paro inútil e inoportuno, de jugadores inmaduros y susceptibles, y un entrenador que cae en la confrontación innecesaria generando el peor de los ambientes.
Los dirigentes, aquellos que se hicieron del manejo del fútbol destituyendo a Carlos Chávez, no han logrado hacer nada de la manera correcta hasta el momento, desnudando una total falta de liderazgo y carencia de planes concretos incluso para la selección.
A esto se suma el riesgo que están asumiendo de enfrentar nada menos que a la Conmebol en un tribunal internacional, el TAS, porque no reconoce su elección y continúa considerando a Chávez como el máximo dirigente del fútbol nacional, con la descabellada y ridícula idea de uno de sus integrantes de abandonar dicha entidad para afiliarse a la Concacaf.
Fabol decide ir hasta las últimas consecuencias con el paro en el fútbol de la Liga por las deudas de Wilstermann, Blooming y San José, advirtiendo que a la selección no concurrirá ninguno de sus afiliados.
Al parecer, los dirigentes del sindicato no se han puesto a pensar lo que representaría para el fútbol boliviano no presentarse a jugar las eliminatorias del Mundial, tomando en cuenta que los ingresos por la venta de derechos de televisión es la tabla de salvación de los clubes. De esa plata sale el dinero para pagar a los jugadores que ellos defienden...
Ronald Raldes empezó el desbande de jugadores del seleccionando, renunciando porque lo venía pensando desde hace un tiempo, pero a la vez porque le llegaron a sus oídos ciertos comentarios de Julio César Baldivieso, que ponían en duda su continuidad como capitán e incluso una futura convocatoria.
A ese dicen que dijo se sumó Marcelo Martins, anunciando también su alejamiento del seleccionado que supuestamente ama, porque no concuerda con la controvertida personalidad del flamante director técnico del equipo boliviano. "Fueron varias declaraciones infelices desde nuestro último juego...", dijo el atacante.
También Alejandro Chumacero dejó en duda su continuidad al manifestar que ponía su lugar "a disposición" de quien dijo que era "un pecho frío" (?).
Baldivieso no midió sus declaraciones luego del papelón con goleada que soportó Bolivia ante Argentina, en su debut como entrenador, y chocó con jugadores consagrados poco acostumbrados a que les digan las cosas sin miramientos. Es un rasgo de su personalidad que muchos le critican, pero siempre fue así, como jugador primero y como entrenador después.
A algunos jugadores no les gustó que Baldivieso criticara el hecho de que cambiaran camisetas con los argentinos después de la goleada, a otros no les pareció bien que reclamará otra actitud, que dejara entrever que elegiría un nuevo capitán, y que dijera que habrían novedades en su primera convocatoria para enfrentar a Uruguay y Ecuador.
Uno podrá criticar sus maneras, pero no se puede discutir que tenía razón en muchas cosas de las que dijo luego del encuentro con Argentina, y que tiene todo el derecho de tomar las decisiones que crea necesarias, porque para eso se lo eligió.
A los jugadores habría que recordarles que no juegan para Baldivieso, que lo hacen para Bolivia, que la selección nacional debería estar por encima de cualquier disgusto y que todo se puede solucionar conversando.
La selección nacional, lamentablemente, dejó de ser el equipo de todos y se ha convertido en el que de nadie. Y, si usted prefiere, para no ser tan drásticos, en el equipo de unos cuantos.
viernes, 4 de septiembre de 2015
LA FALTA DE IDENTIDAD
El fútbol boliviano deambula sin un rasgo definido desde hace mucho. La selección nacional y sus equipos de clubes no tienen una identidad que los distinga. Son expresiones sin rasgos marcados que no cautivan a la hora de la verdad, que no es otra que cuando empieza a rodar la pelota en una cancha.La principal razón, quizá, es que Bolivia no fue "colonizada" futbolísticamente por nadie. No tuvo la influencia de ninguna de las escuelas futbolísticas de Sudamérica, pese a que siempre contó con en sus filas con futbolistas extranjeros, en especial argentinos, brasileños y paraguayos.
El fútbol boliviano no cuenta con la genética brasileña, argentina ni paraguaya. Pese a ser vecinos y a tener siempre jugadores de esas nacionalidades, acá, el fútbol se juega distinto y se lo entiende de otra manera.
No tiene nada que ver con el estilo lleno de talento y magia que distinguía a los brasileños en otras épocas, tampoco con la admirable técnica ni la evolución táctica de los argentinos, ni la fuerza innata de los paraguayos. Apenas si cuenta con matices de talento y técnica, y una cuota de entrega que no necesariamente tiene relación con la potencia guaraní.
En la década del 60, influenciados por el carácter y liderazgo de Wilfredo Camacho, capitán de la selección nacional que conquistó el título en el Campeonato Sudamericano de 1963, el periodismo de la época bautizó el estilo voluntarioso y aguerrido como la "garra camachista", que dirigió el entrenador brasileño Danilo Alvim, una de las víctimas del Maracanazo.
El gran éxito duró poco tiempo y no dejó huella profunda. El estilo fue pasando al olvido rápido con las frustraciones provocadas por los malos resultados obtenidos en posteriores partidos internacionales.
Los últimos rastros de la impronta camachista se vieron a fines de los sesenta, durante las eliminatorias del Mundial México 70. El seleccionado fue un híbrido de entrega y valentía comandado por Ramiro Blacut, sobreviviente a la gesta del 63.
La garra era cosa del pasado en los años setenta. La técnica empezó a prevalecer, bien alimentada por futbolistas del Oriente y el Chaco. El fútbol boliviano inició un nuevo cambio sin rumbo definido. La inestabilidad de la dirigencia tampoco ayudaba a marcar el camino.
La generación del 70 fue de las mejores, pero desaprovechada. La jerarquía de los Messa, Aragonés, Chichi Romero, Góngora, Saucedo Landa, Angulo y compañía, no fue suficiente para encontrar el norte.
Las eliminatorias del Mundial de Argentina 78 parecían ser el momento del despegue con una de las selecciones mejor conformadas, pero acabaron siendo una pesadilla. Wilfredo Camacho, el capitán convertido en comandante, llevó al equipo del éxito pasajero al fracaso que provocó una gran crisis en el fútbol.
Camacho no logró darle estilo ni contenido a su equipo, que dependía totalmente de la acción individual de sus componentes, y tampoco le transmitió aquella famosa y mentada garra que lo distinguió en el Sudamericano.
Bolivia siguió siendo durante años un equipo sin un perfil definido, conformado por jugadores de buena técnica, pero sin peso futbolístico, limitada condición física, ingenua y escasos conceptos tácticos.
La del ochenta resultó casi una década perdida porque nada cambió. Fue el final de aquella gran generación desaprovechada, que, por lo menos, dejó como herencia una mayor calidad técnica que marcó a los que venían a ocupar sus lugares.
Esa herencia la capitalizó con creces la Academia Tahuichi, que se encargó de hacer lo que hacía falta y no hacía nadie, formar jugadores con identidad futbolística. Y aparecieron los Sánchez, Etcheverry, Cristaldo, Moreno, entre otros.
Xabier Azkargorta reunió a toda una generación nueva, de lo mejor, como la del 77, que incluyó también a Melgar, Borja, Baldivieso, Chocolatín Castillo y Ramallo, y le dio forma a un equipo que acabó en el Mundial de Estados Unidos 94.
Fue un equipo que utilizó un sistema táctico de moda en esos tiempos en España, con laterales volantes de ida y vuelta, línea de tres zagueros, cuatro volantes con talento y técnica, y un solo atacante.
Era el momento para encontrar rumbo perdido. Había jugadores, éxito, plata, cierto orden y entusiasmo. Pero, como el 63, duró poco sin dejar huella. Azkargorta se fue en busca de nuevos rumbos y mejor futuro. Antonio López ni Carlos Aragonés, que formaron parte del cuerpo técnico, lograron darle continuidad al que parecía ser el proceso que cambiaría las cosas.
De ahí hasta la fecha, pasaron muchos entrenadores sin lograr darle un perfil definido a la selección. Incluso retornó Azkargorta y no logró repetir nada de lo hecho en su primera etapa.
Bolivia necesita de alguien que le ayude a encontrar el rumbo, algo parecido a lo que pasó a Chile con Marcelo Bielsa, que influyó en su selección y arrastró a los clubes hacia un fútbol distinto, cambiando la mentalidad de dirigentes, entrenadores y jugadores.
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