San José tuvo un buen año, aunque, claro, pudo ser mucho mejor. Pudo tenerlo todo y se quedó con poco, teniendo en cuenta que los dos últimos títulos se le escaparon de las manos.
El torneo que perdió en Oruro en el último partido del primer semestre, con todo a favor, fue un golpe tan duro que acabó perjudicándolo en la conquista del segundo certamen, porque le aniquiló la confianza en los momentos claves.
The Strongest, su bestia negra en los últimos tiempos, volvió a cruzarse en su camino. Volvió a amargarlo al ganarle otra vez en el estadio Jesús Bermúdez. Era el partido clave en la recta final y no tuvo el carácter para imponerse al que terminó siendo “el más fuerte”.
A San José lo perjudicó, en momentos claves, el no contar con un arquero que le otorgue seguridad, la falta de un zaguero que le aporte firmeza y un volante que le maneje los tiempos en el mediocampo.
Esa ausencia de liderazgo futbolístico fue como el centavo que falta para completar el peso en el equipo de Marcos Ferrufino.
Los goles del caballo Carlos Saucedo, que anotó 40 tantos en la temporada, no fueron suficientes para poner freno a la hegemonía de The Strongest.
Por eso tuvo que conformarse con participar en la Copa Libertadores de América como subcampeón nacional.
The Strongest es el equipo del momento del fútbol boliviano. Tres títulos consecutivos avalan su liderazgo y dejan sin efecto cualquier observación a su condición de campeón indiscutido.
Recuperó el poderío que supo tener a mediados de los años setenta, cuando languidecía el fútbol de asociaciones y nacía la Liga del Fútbol Profesional, de la cual fue, justamente, su primer campeón.
El tigre le hizo honor a su nombre, fue “el más fuerte” en los momentos más complicados, tuvo la templanza y fortaleza anímica para sacar puntos cuando lo necesitaba para ponerse la etiqueta de candidato al título.
Una prueba de ello fueron sus duelos con San José. Le ganó las dos veces que tenía que hacerlo, en el Clausura para convertir en realidad el milagro de un título que no soñaba y en el Apertura para fortalecer sus posibilidades de sumar un nuevo lauro.
En ambas ocasiones lo superó en Oruro. Después no perdió las clásicos con Bolívar, tampoco cayó en Potosí ni en Cochabamba y fue casi imbatible en La Paz, donde fue derrotado solo una vez (Wilstermann).
Eduardo Villegas fue el artífice de este equipo. Lo armó bien, sin estrellas, y les sacó el mejor rendimiento a los jugadores. Todos le respondieron cuando requirió de ellos, fueron útiles. Ese, creo, fue su mayor virtud.
Tuvo un líder sobresaliente como Pablo Escobar, jugadores bien identificados con la camiseta como Chumacero y Soliz, y el resto un rendimiento parejo.
The Strongest tuvo la regularidad de los equipos que saben lo que quieren dentro de la cancha y mostró unidad en la búsqueda de sus objetivos. Por eso fue el mejor de todos y es un campeón sin discusión.
La Liga puso las cosas en su sitio. A destiempo, pero lo hizo. Una vez finalizado el torneo Apertura definió el tema de los premios pendientes a torneos internacionales.
Los resultados le facilitaron la decisión. Con The Strongest no había problemas porque ganó los últimos torneos, por lo tanto le correspondía ser el primer representante nacional en la Copa Libertadores de América: Bolivia 1. Además, jugará la Copa Sudamericana como Bolivia 2.
San José fue subcampeón en los dos últimos torneos, el Clausura y el Apertura, y se había ganado el derecho de ir a la Copa libertadores como Bolivia 2, directo a la fase de grupos, cediendo el Bolivia 3, que jugará un repechaje, a los terceros.
Oriente Petrolero y Bolívar, terceros en los últimos torneos, definirán quién representa al país como Bolivia 3. El perdedor irá a la Copa Sudamericana como Bolivia 1.
Blooming, cuarto en el Apertura, clasificó a la Copa Sudamericana, y Real Potosí, en quinto lugar, también participará en el torneo sudamericano.
La Liga armó un revuelo sin motivo por no definir los premios en un principio.
La dirigencia de la Liga del Fútbol Profesional Boliviano sigue sin hacer bien lo único a lo que se dedica a hacer desde que fue creada, hace nada menos que treinta y cinco años, organizar el campeonato de cada temporada.
Hoy está en problemas por el reparto de premios. Increíble. Está definido que The Strongest, como campeón del Clausura será Bolivia 1 en la Copa Libertadores de América y San José, como subcampeón del mismo torneo, Bolivia 3.
¿Quien participará como Bolivia 2? La Liga no sabe todavía porque no contempló que el campeón y subcampeón podían repetirse. A todos, directiva y representantes de clubes, que se reúnen para aprobar convocatorias y armar campeonatos, se les pasó por alto este detalle
Lo correcto sería que si San José vuelve a ser segundo, represente al país como Bolivia 2, y la representación como Bolivia 3 la disputen los terceros de los dos últimos torneos. Pero, la Liga es la Liga, una entidad campeona en complicarse la vida y en tomar las decisiones equivocadas.
Los propios dirigentes no saben a quién le corresponde ser Bolivia 2 en la Copa Libertadores de América, y caen en contradicciones que suman mayor confusión.
Como en río revuelto siempre hay pescadores aprovechando sacar provecho de la situación, no faltan quienes piden más de lo que les corresponde, embarrando la cancha más de lo que está.
El máximo responsable de la Liga, Mauricio Méndez, dirigente que recibe una renta del fútbol para conducirlo, es quien debería evitar que no sucedan estas cosas, sin embargo, tal como ocurre casi siempre, está preocupado por otros temas, esta vez en la seguidilla de partidos que tendrá The Strongest el año que viene...
La Liga no cambia. Su ineptitud es tal, que se aplaza hasta en las cosas más fáciles, por ejemplo, en repartir los premios.
The Strongest conquistó ayer el torneo Apertura e hizo historia en el fútbol boliviano. Se convirtió en el primer tricampeón de la Liga y ahora suma 35 títulos desde que fue fundado el 8 de de abril de 1908.
El Tigre dejó el grupo de los bicampeones para anotarse como el único que se consagró campeón tres veces consecutivas, al ganar los dos últimos Apertura y el Clausura.
No todo termina ahí para los aurinegros, porque con esta nueva conquista, ayudan a atizar la polémica que sostienen con archirrival Bolívar en relación a quién es el que cuenta con más títulos en su haber.
De acuerdo a los datos que maneja gente que se dedica a las estadísticas e historia del fútbol boliviano, The Strongest igualó a Bolívar en el número de campeonatos conquistados desde se juega al fútbol de manera organizada en el país: 35 en total.
The Strongest, según datos de Iván Aguilar Murguía, fue campeón 16 veces en la época amateur (1911/1949), en 9 ocasiones en la etapa denominada profesional (1950/1976) y en 10 oportunidades en la Liga del Fútbol Profesional Boliviano, de 1977 a la fecha.
The Strongest campeón. ¡Tricampeón! Crónica de una consagración anunciada. La vuelta olímpica de los aurinegros se veía venir desde hace un par de meses.
Era cuestión de tiempo, que pasen las fechas nada más, para ver al Tigre con el trofeo en sus garras, porque no perdía, sumaba siempre, mientras sus adversarios andaban a los tropezones desaprovechando chances para pelearle el título.
The Strongest consolidó sus ambiciones rescatando y aplicando la vieja fórmula llamada “media inglesa”, que se utilizaba cuando el triunfo daba dos puntos y el empate uno, aquella que consiste en ganar de local y empatar de visitante.
En el Hernando Siles fue casi imbatible, apenas perdió un partido (con Wilstermann) y ganó el resto; de visitante solo cayó ante Universitario y Blooming.
Potosí, penúltima etapa en este viaje a su nueva conquista, le permitió la consagración anticipada. Perdía por dos goles con Real Potosí y terminó igualando 2 a 2, en una nueva demostración de templanza y actitud ganadora.
The Strongest era campeón incluso perdiendo porque San José, que necesitaba ganar en busca de un milagro, flaqueó otra vez y apenas empató con Universitario.
Un nuevo título. El tercero consecutivo, el décimo en la Liga y el número 35 de su historia. Hoy, nadie puede discutir que, The Strongest, le hace honor a su nombre. Es el más fuerte.
Oriente Petrolero volvió a su oscurantismo futbolístico y perdió estrepitosamente frente a Bolívar en el Tahuichi Aguilera.
El triunfo ante Blooming en el clásico cruceño resultó nada más que una golondrina en el invierno, engañosa, que a algunos hizo pensar, de manera equivocada, que volvía el Oriente ganador, contundente, que puede que no juegue bien, pero apabulla.
Nada más lejano a la realidad. Oriente volvió ser el mismo de hace unas fechas, el que decepcionó a sus hinchas a lo largo del torneo por su abulia e inefectividad, y que mostró síntomas de decaimiento en la goleada que sufrió ante Real Potosí.
Anoche no tuvo fundamentos futbolísticos ni reservas anímicas para sacar adelante el partido ante un Bolívar que tampoco la pasa bien, vapuleado por su irregular andar en el certamen.
Oriente empezó ganando temprano con gol de Rodríguez, pero se vino abajo con el empate del paraguayo Cantero y lo liquidó la contundencia de Miranda, autor de dos goles, el tercero, un golazo.
El resultado encendió otra vez las alarmas en Oriente y calmó los ánimos en Bolívar.
A The Strongest le falta muy poco, casi nada, para volver a ser campeón y entrar en la historia de la Liga por ganar el título tres veces en forma consecutiva.
Fue una tarde redonda para el Tigre que le ganó a Blooming y San José dejó escapar de la manera increíble una victoria que se encaminaba a goleada y empató en Oruro, el escenario de sus grandes decepciones y amarguras.
The Strongest tuvo todo para acercarse al tricampeonato, capacidad de gol, un público que llenó el estadio Hernando Siles para darle su apoyo, entusiasmado con verlo dar una vuelta olímpica, que se postergó porque San José no perdió (de milagro…).
Ah! y también contó con un árbitro complaciente, sospechosamente localista como el “casi” mundialista Raúl Orozco que compró todo a favor del atigrado y se hizo el de la vista gorda en jugadas claves a favor de la academia cruceña.
Un par de ejemplos. No sancionó una falta de Barrera a Hugo Bargas en el área atigrada y tampoco cobró el empujó del colombiano Reina que dio origen a la jugada en la que el árbitro vio penal al delantero, estando un poco lejos y tapado.
Quizá The Strongest hubiese ganado igual si Orozco hubiese aplicado el Reglamento imparcialmente, como seguramente se esmerará en hacerlo en las pruebas selectivas para el Mundial de Brasil, porque es difícil para los equipos cruceños mantenerse firmes hasta el final y aguantar el ritmo del local.
Fue un buen partido el que se jugó en el estadio Siles, atractivo, con situaciones de gol, varios tiros en los postes y buenas atajadas de los arqueros (aunque otra vez una falla de Galarza, estigmatizado por sus errores en partidos claves, le costó caro a Blooming).
Me hizo acordar a un duelo entre ambos rivales en el año 78 en el mismo escenario, que definía el pase a la final. Fue 3-2 a favor del Tigre, que perdía hasta el minuto 43 del segundo tiempo, y hubo triangular en Cochabamba (Blooming, San José y The Strongest). Frey le atajó un penal al paraguayo Cañelas (en esta ocasión Galarza no pudo con el ejecutado por Escobar). Y acabó también con diez: entonces Edgar Vaca y ayer Rivero (por tonta reacción). El arbitraje del potosino Freddy Flores fue tan discutido como el de Orozco, por razones parecidas.
Ayer, Blooming jugó mucho mejor que otras veces, pero The Strongest fue más contundente.
La consagración de The Strongest es cuestión de tiempo. Si hasta puede dar la vuelta olímpica perdiendo.