Bolivia mejoró, no demasiado, pero mejoró. Claro, el gol, los goles, la goleada, hacen que la victoria, la actuación, se vean en una dimensión diferente a la real, un tanto distorsionada, agrandada.
No se trata de restarle brillo al gran triunfo, ojo, sino de no dejarse marear ni engañar por el exitismo, y tratar de analizar las cosas como realmente fueron, no desde el resultado.
Bolivia jugó mejor que contra Perú y fue superior a Uruguay, sin duda, por lo tanto hubo un avance, aunque hay cosas del funcionamiento que dejan mucho que desear y que la convierten por momentos en un equipo vulnerable
Lo más importante del equipo nacional fue la contundencia, su eficacia ante el arco rival, que no es poco, y que ayudan a solucionar y disimular problemas.
Por ejemplo, Carlos Saucedo, la figura del encuentro, tuvo alrededor de cinco situaciones de gol, y concretó tres. Un oportunista nato que no dejó “sobra” sin aprovechar.
Sergio Galarza respondió bien en momentos claves, Raldes estuvo mejor secundado por Gutiérrez y Zenteno que el viernes pasado, aunque no faltaron los sofocones por distracciones defensivas.
En los laterales, Marvin Bejarano aportó más en salida que en recuperación, en tanto que Rudy Cardozo fue más protagonista esta vez, animándose a romper la zaga uruguaya con su velocidad y habilidad, siendo más profundo en sus incursiones ofensivas.
En la obstrucción, Pedro Azogue trabajó casi solo (sin cometer muchas faltas, a diferencia de Flores), abandonado por Chumacero, quien complicó el sector con su desordenado entusiasmo.
Gualberto Mojica le aportó un poco más de manejo al equipo nacional, aunque por momentos demoró mucho con la pelota en sus pies. Lo suyo es siempre más importante como ejecutor de pelotas detenidas. Una prueba de ello, su golazo de tiro libre.
En el ataque, Marcelo Martins hizo esta vez un trabajo “sucio”, aunque importante. Fue generoso, trabajó para el equipo aguantado pelotas, pivoteando, hasta que se fundió físicamente.
Carlos Saucedo tuvo su día de gloria. Intuición pura, olfato goleador, oportunismo. Siempre estuvo donde tenía que estar. De goleador postergado a héroe nacional. Sus goles le cambiaron la cara a Bolivia.
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miércoles, 17 de octubre de 2012
PAGÓ LA DEUDA INTERNA
La goleada a Uruguay, de la mano del goleador Carlos Saucedo en día de gracia, sepultó el desánimo provocado por el desabrido empate con Perú, y nuevamente existe una renovada esperanza, aquella que surge de tanto en tanto, cada vez que los resultados son buenos.
Víctima de los vaivenes del fútbol, alimentados por la impaciencia, el boliviano, que se sumergió en la decepción tras el inesperado empate ante Perú hace unos días, vuelve ilusionarse con el triunfo logrado ante Uruguay.
Hoy el semblante es distinto. Bolivia recuperó la sonrisa con la goleada de ribetes históricos (nunca había superado a Uruguay por ese margen), que le permite afrontar con un poco más de entusiasmo las ocho fechas que le quedan en esta carrera que tiene como meta el Mundial Brasil 2014.
Las razones en este llamativo e inesperado cambio de un partido a otro en tan poco tiempo, tiene que ver con la contundencia, efectividad y oportunismo de Saucedo, el hasta ayer postergado goleador, al servicio de un equipo boliviano que había padecido el viernes por su anemia ofensiva.
El gol, dicen los que saben, es táctica, pero también motiva, genera entusiasmo, inyecta fe, da coraje, disimula errores, y sobre todo, aniquila adversarios. Y Bolivia tuvo ese elemento vital desde un primer momento, gracias a Saucedo.
Bolivia se acomodó mejor en la cancha estando en ventaja y los goles fueron cubriendo las cosas negativas, como la falta de seguridad en los pases y la fragilidad defensiva, y fue desmoronando a un Uruguay que estaba con las defensas bajas.
Golpeó cuando más duele, al principio de cada etapa, y después aumentó en el momento que los charrúas intentaban reaccionar. No le dio tiempo a hacerse fuerte.
La selección boliviana necesitaba un triunfo claro y contundente como el de ayer para recuperar confianza y afrontar con mayor fortaleza lo que resta de la eliminatorias.
Además, estaba en deuda con la gente, y tenía que pagar lo que debía. Lo hizo pronto y con creces. El crédito está otra vez abierto. Así es el fútbol. Goles son amores y no buenas razones.
martes, 16 de octubre de 2012
EL TAMAYAZO
Un partido imposible de olvidar aquel que se disputó en el estadio Simón Bolívar del barrio paceño de Tembladerani, escenario forzado por la reconstrucción del Hernando Siles para los Juegos Deportivos Bolivarianos de 1977.
Bolivia daba el batacazo dejando en el camino a un país con tan rica historia futbolística como Uruguay, bicampeón mundial, bicampeón olímpico, ganador de muchas copas América y de varias Copa Libertadores con Peñarol y Nacional.
El héroe de aquella tarde sublime fue Porfirio “Tamayá” Jiménez, un chaqueño nacido en Palmar Chico, que dio una de las victorias más celebradas por los bolivianos, dada su importancia. se la festejó tanto como la clasificación al Mundial 94.
Tamayá, delantero fuerte y veloz, que atravesaba su mejor momento, recibió un pase entre líneas de su paisano Ovidio Messa, chaqueño de Sanandita (ahí, cerquita de Palmar Chico), y fusiló a Rodolfo Rodríguez. Golazo y triunfo. Tamayazo y jolgorio.
Bolivia tenía un equipazo, con Carlos Conrado Jiménez en el arco, Jorge Campos, Rimazza, Jimmy Lima y Pablo Baldivieso en la defensa, Carlos Aragonés, Angulo y Messa en el mediocampo, Saucedo Landa, Tamayá y Miguel Aguilar.
Alternaban nada menos que el “maestro” Erwin Chichi Romero, Erwin Espinoza, Pacho Góngora, Raúl Alberto “Calichín” Morales, Jesús Reynaldo, entre otros muy buenos jugadores.
Este equipo superó a la entonces débil Venezuela y a la siempre respetada Uruguay. Después vino la triste y vergonzosa participación en la liguilla de Cali, Colombia. Pero eso es harina de otro costal.
Acá el tema es el Tamayazo. El golazo de Porfirio Jiménez, el delantero que arrancó en Real Santa Cruz y luego militó en Guabirá, Oriente Petrolero, Bolívar y Chaco Petrolero.
En este día en el que Bolivia volverá a medirse con Uruguay en el marco de las eliminatorias de la Copa del Mundo, vale el recuerdo de un día tan lindo y el agradecimiento a uno de esos tantos futbolistas que nos dieron unas cuantas alegrías. ¡Gracias, Tamayá!
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