Marcelo Ortubé le dijo adiós al arbitraje, ayer. Después de 25 años recibiendo muchos elogios y algunos insultos, algo habitual en la vida de los árbitros, dicho sea de paso, el paceño colgó el pito.
Para muchos fue el mejor árbitro boliviano de todos los tiempos. Puede ser. Si no es así, pasa raspando. En todo caso, creo que disputaría el primer lugar con un pariente suyo, su tío Óscar Ortubé. Su padre, don Arturo, también fue un excelente árbitro.
Marcelo, a diferencia de su padre y su tío, y todos los árbitros bolivianos con excepción de Luis Barrancos (fue al Mundial de España 1982), logró el sueño del pibe de todo sopla pitos: dirigir en un Mundial de Fútbol. Arbitró en Corea y Japón 2002 el partido entre Suecia y Nigeria, y lo hizo muy bien.
En sus veinticinco años de arbitraje, Ortubé también tuvo a su cargo partidos decisivos, muchas finales, y fue tomado en cuenta muchas veces en torneos internacionales.
En los últimos tiempos estaba cada vez más lejos de las jugadas a causa de su exceso de peso y empezó a convertirse en uno de esos árbitros que intentaban quedar bien con Dios y con el diablo. Por eso pienso que se va en un buen momento, así no empaña su trayectoria, y se despidió dirigiendo una final, como correspondía.
Creo que el mayor elogio que se le puede hacer a Marcelo Ortubé es que fue siempre una persona confiable, más allá de sus aciertos y errores, que los tuvo. Daba la impresión de ser un tipo neutral.
* Foto de worldreferee.com
¡Bolívar bicampeón! Consiguió la Copa AeroSur por segundo año consecutivo, arruinando la fiesta al público cochabambino que había llenado el estadio Félix Capriles para ver dar la vuelta olímpica a Wilstermann.
En realidad, el aguafiestas fue el arquero Carlos Arias, quien atajó todo, o casi todo, y hasta le dio una mano a su equipo a la hora de los penales, ejecutando muy bien uno de los tiros que convirtieron en triunfo el empate en tiempo reglamentario.
Arias salvó a la Academia paceña en varias ocasiones. Puso la cara, el cuerpo y sus manos en las difíciles, y por todo ello acabó siendo el héroe de la tarde en tierra valluna.
Wilstermann había hecho méritos para ganar en la primera etapa, pero aflojó un poco en el complemento, se fue quedando sin merecimientos y acabó sufriendo en los penales.
Bolívar creció en la segunda parte tras un primer tiempo sin muchas energías, asumió riesgos y protagonismo, igualó y tuvo mayores aciertos desde el punto penal.
El campeón sacó ventaja con Carlos Arias. El portachueleño marcó la diferencia con su gran actuación, confirmando que, hoy por hoy, es el mejor de todos bajo los tres palos. Por eso, el título está en buenas manos.* Foto Jornada.
Si los jugadores entienden el mensaje, podemos hacer un buen partido, dijo Sergio Apaza, entrenador de Real Potosí, antes de viajar a Brasil para enfrentar a Cruzeiro por la Copa Libertadores de América. Horas más tarde, en el famoso Mineirao de Belo Horizonte, los brasileños ganaron 7-0.
Por lo visto sus dirigidos no le entendieron nada a Apaza, tan afín a la verborragia y al discurso, a las arengas y a las frases hechas. Habló en chino o algo parecido, o los jugadores estaban con la cabeza en otra cosa, porque en la cancha hubo sólo un equipo que hizo bien las cosas, y ese fue Cruzeiro.
Los brasileños, que habían logrado un empate en la Villa Imperial, no anduvieron con vueltas y remacharon su clasificación a la fase de grupos acribillando a su paisano, el golero Machado, nacido en Porto Alegre, que ataja en el cuadro potosino.
Media hora duró el entusiasmo de Real Potosí, hasta que los jugadores de Cruzeiro afinaron la puntería y la defensa del equipo boliviano se convirtió en un colador por el que se filtraba todo. En un cuarto de hora le hicieron cuatro goles.
La expulsión de Yecerotte primero y Galindo después complicaron el panorama, pero los de Cruzeiro se tomaron un descanso, hasta que ingresaron los recambios y éstos no perdonaron. Le llenaron el arco de goles.* Foto Sports.yahoo
Bolívar se puso colorado por culpa de Wilstermann. Por momentos se sofocó y ruborizó con las sutilezas de algunos de los jugadores del equipo rojo que a punto estuvieron de pintarle cara en el mismísimo estadio Hernando Siles.
Fue empate pero debió ganar Wilstermann porque jugó mejor y fue superior a Bolívar. Se plantó bien en la cancha, esperando firme atrás, manejando bien la pelota en el mediocampo y con el uruguayo Raimondi como punta de lanza casi incontrolable en el ataque.
Fue justamente el atacante charrúa el que puso en ventaja al onceno aviador con un golazo, tras sacarse la marca de su coterráneo Iturralde y fusilar con derechazo a Carlos Arias.
El equipo cochabambino no se llevó la victoria porque le faltó cerrar el partido con un gol más para no quedar expuesto a esos imponderables que tiene el fútbol, como la carambola que terminó en gol de Iturralde y empate para Bolívar a minutos del pitazo final.
Bolívar no pudo imponer su juego por la buena labor de Wilstermann, pero también porque sus volantes estuvieron distanciados de los atacantes, no tuvo profundidad, utilizó poco las bandas y también volvió a mostrarse frágil defensivamente.
La revancha de la final de la Copa AeroSur se jugará el domingo en el Félix Capriles y Wilstermann llega con una mejor perspectiva. Bolívar tendrá que cambiar mucho para retener el título.
* Foto Jornada.
Manolo Núñez no aguantó dos rounds en Aurora. Perdió los dos clásicos con Wilstermann por la Copa AeroSur y dejó de ser el entrenador del equipo del pueblo.Existen dos versiones sobre la salida del español, una, que presentó su renuncia por problemas familiares, la otra, que los dirigentes del cuadro celeste le manifestaron que le habían retirado su apoyo, es decir, ya no querían contar con él.
De esta manera, Núñez es el primer entrenador de la Liga del Fútbol Profesional Boliviana en dejar su cargo antes de que se inicie la temporada oficial, que incluirá los torneos Apertura, Invierno (Play Off) y Clausura.
El año pasado, en esta época, dejaron sus puestos Sergio Apaza en Blooming y Tucho Antelo en Oriente Petrolero.
* Foto Los Tiempos: Manolo Núñez (der) junto a su ayudante Luis Martínez.
Si repasamos la historia del fútbol boliviano y de las selecciones nacionales, veremos que los futbolistas naturalizados desplazan a los nativos sólo cuando éstos no tienen calidad ni jerarquía. los foráneos no han sido salvadores de la patria, pero tampoco son culpables de nada, al contrario, han ayudado a disimular o paliar épocas de vacas flacas en cuanto a surgimiento de jugadores.
Hay veces que es necesario incluir naturalizados y otras no. Los antecedentes demuestran que todo depende del estado de ánimo que generan las campañas para la cabida de los naturalizados en la Selección. Existen varios casos en la historia de nuestro fútbol desde la década de los cincuenta, pero partamos en los años 70, para no ir muy atrás.
Bolivia realizó una buena campaña en las eliminatorias de México 70 con los argentinos Julio Alberto Díaz, Mario Rojas, Raúl Álvarez, el Gitano Juan Farías y el Tanque Juan Américo Díaz. Luego se vino una renovación total con la aparición de muchos jugadores cruceños y chaqueños. La Mini copa disputada en Brasil en 1972, denominada Copa Independencia, fue la oportunidad para ello. Con Rubén Saldaña al frente Bolivia tenía en sus filas al Flaco Frey, Choco Antelo, Saucedo Landa, Choco Leaños, Nicolás Linares, Luis Iriondo, Tito Saavedra, Rimazza, Ovidio Messa, el Indio Chávez, el cura Jota Jota Jiménez, Jorge Moreno, Tamayá Jiménez, Mario Pariente, Ramiro Blacut, Juan Carlos Fernández, entre otros. Todos nacionales.
Esta fue la base para las eliminatorias de Alemania 74, en la que la Selección formaba con C.C. Jiménez, Angulo, Pérez, Antelo, Iriondo; Freddy Vargas, Guido Costa, Messa; Calichín Morales, Linares y Fernández.
Como no le fue bien, en la Copa América del 75, retornaron los naturalizados: Mario Rojas, Luis Liendo y el Tanque Díaz.
Para las eliminatorias del Mundial Argentina 78, el técnico Wilfredo Camacho formaba el siguiente equipo: C. C. Jiménez, Jorge Campos, Jimmy Lima, Rimazza y Pablo Baldivieso; Angulo, Carlos Aragonés y Messa (Romero); Saucedo Landa, Tamayá Jiménez y Miguel Aguilar. Todos nativos.
Luego del fracaso de la Liguilla de Cali (goleadas de Brasil y Perú), se decidió armar una nueva Selección con mayoría de naturalizados para enfrentar a Hungría en el repechaje. El entrenador alemán Edward Virba llamó a los paraguayos Luis y Arturo Galarza, los argentinos Emilio Ludueña, René Domingo Taritolay, Horacio Awad y el Zorro Luis Fernando Bastida, y el chileno Víctor Villalón, que se sumaron a Angulo, Aragonés, Aguilar, Del Llano, Edgar Vaca, Chichi Romero, Freddy Vargas, Messa, Erwin Espinoza, Morales, Campos, el chapaco Juan Carlos Sánchez, y Lima.
En la Copa América del 79, nuevamente sólo nacionales: C.C. Jiménez (Hoyos), Ramiro Vargas, Espinoza, Edgar Vaca (Rogelio Delfín), Del Llano; Aragonés, Angulo, Romero (David Paniagua); Carlos Borja Jesús Reynaldo (Messa) y Aguilar. También alternaban Luis González y Aldo Fierro.
Entre 1979 y 1985, Bolivia contaba con una buena base nacional, por eso sólo jugó con nacionales. La generación de recambio la integraban Milton Melgar, el chocolatín Ramiro Castillo, Silvio Rojas, Rolando Coimbra, Migue Noro, Marco Barrero, el zaguero Carlos Arias, Eduardo Terrazas, Edgar Castillo, Tucho Antelo, Marciano Saldías, Roberto Pérez, Gastón Taborga, Luis Fernando Salinas y Oscar Ramírez.
Para las eliminatorias de México 86, el chileno Raúl Pino confió en el gran goleador formoseño Juan Carlos Sánchez Frías y en el golero guaraní Luis Galarza. Un poco antes, el argentino Chamaco Rodríguez, que tuvo un paso fugaz al frente de la Selección, había tomado en cuenta a sus coterráneos Miguel Bengolea, Ludueña y Ricardo Fontana.
En la Copa América de 1987, el DT argentino Nito Veiga citó al ya veterano Lucho Galarza alternaba en el arco con Marco Barrero. En la Copa del 89, se sumaron a Galarza su coterráneo Eligio Martínez y el argentino Ricardo Fontana, convocados por el también argentino Jorge Habegger para apuntalar a jóvenes como Rómer Roca, Saldías, el diablo Marco Antonio Etcheverry, Roly Paniagua, Erwin Sánchez, Álvaro Peña, Miguel Rimba, Arturo García y Pancho Takeo, sumados al grupo de los Melgar, Borja, Chocolatín Castillo, Eduardo Villegas, el chapaco Salinas y Ferrufino.
En el 91, Ramiro Blacut dejó de lado los naturalizados y confió en la nueva generación integrada por Víctor Aragón, Mauricio Soria, Chicho Suárez, Jiguchi, Juan Carlos Chávez, Julio César Baldivieso, Jaime Moreno, Juan Manuel Peña, Pepelucho Medrano, el Puma Soruco y el camba Modesto Molina.
El vasco Xabier Azkargorta tampoco prescindió de los extranjeros que adquirieron la nacionalidad boliviana pese a que contaba con una gran generación de futbolistas nacionales, y para disputar la Copa América del 93 y las eliminatorias del Mundial Estados Unidos 94 convocó al paraguayo Darío Rojas y a los argentinos Luis Cristaldo, Gustavo Quinteros y Carlos Trucco.
Después fueron citados los argentinos Fernando Ochoaizpur (1996) y Leonardo Fernández (2004), el brasileño Alex Da Rosa (2004), y el paraguayo Pablo Escobar (2008).
Curiosamente, España, la Selección favorita para ganar el Mundial de Sudáfrica, admirada por su juego y considerada la mejor del planeta fútbol, se encuentra en la cumbre justo en el momento cuando su Liga cuenta con la mayor cantidad de futbolistas foráneos, a tal punto que incluso el Real Madrid llegó a tener en cancha menos jugadores españoles que el Liverpool inglés.
No es un consuelo de tontos, pero vale para no dramatizar. Insisto, son épocas. Un extranjero más o menos no creo que cambie la historia, si al fin y al cabo tiene que jugar el mejor. Habrá un momento en el que los futbolistas bolivianos desplacen a los extranjeros por calidad y no por decreto.
* Foto: La Selección del 77 sin naturalizados: arriba, Primo Gadea (kinesiólogo), Conrado Jiménez, Angulo, Pablo Baldivieso, Lima, Góngora y Rimazza; abajo, Calichín Morales, Aragonés, Reynaldo, Romero y Saucedo Landa.
El rasgarse las vestiduras cada vez que se habla de la posibilidad de aumentar el cupo de extranjeros, es ya un deporte nacional practicado de manera casi fanática por la mayoría de los periodistas deportivos.Antes de parecer buenos tipos y muy bolivianos, de querer hacer ver que tenemos la camiseta verde pintada en la piel, habría que analizar hasta qué punto resulta perjudicial y en qué puede beneficiar la medida, en un fútbol que necesita de medicinas para paliar una enfermedad crónica que parece incurable: la falta de competitividad.Desde que tengo uso de razón, para algunos desde hace poco, je, por lo general los buenos jugadores nacionales desbancaron a los extranjeros o naturalizados. Soy un convencido que cuando un futbolista boliviano tiene condiciones, se impone. Y el entrenador que se niegue a ello, a darle un lugar en el equipo, queda en evidencia y genera una opinión negativa hacia él, que muchas veces fue incluso la causa inicial de su despido.Recuerdo que Jorge Campos, un excelente zaguero que jugaba en cualquier lugar de la defensa, se ganó un sitio en el gran Oriente Petrolero de inicios de los 70, con apenas ¡15 años!, Ovidio Messa destacó en el Chaco Petrolero copero de aquellos años siendo también un adolescente, Limberg Cabrera Rivero se fue de Blooming a Wilstermann y fue estrella, Carlos Aragonés vino de Salta rondando los veinte años y rápido fue titular y capitán en Bolívar, Pacho Góngora, un volante de una zurda exquisita también se hizo un sitió en la academia paceña desbancando a jugadores notables.Un poco más acá en el tiempo, Etcheverry, Platiní Sánchez y Tapera Ramos se ganaron un lugar muy rápido en un Destroyers que contaba con muchos jugadores de experiencia y varios extranjeros; Carlos Arias fue campeón con Blooming a los 18 años y después dejó en el banco a un arquerazo como Javier Klimowicz; Tucho Antelo mandó a la suplencia al argentino Vidal González para poner en su lugar a un juvenil José Alfredo Castillo. Hoy, en Blooming, José Luis Chávez le ganó el puesto al paraguayo Villalba.Ejemplos, a montones. Todo depende de la calidad de los futbolistas. No importa si es joven o es veterano, si es nativo, naturalizado o extranjero, lo que interesa es que aporte al equipo.Creo que todo depende de momentos. Hay veces que surgen jugadores en mayor cantidad y otras no tanto, por lo que es necesario recurrir al elemento foráneo. Además cada club tiene que velar por su suerte y saben muy bien que si se dedican a formar jugadores, a la larga terminarán teniendo casi siempre una base propia. Pero son políticas de cada uno.Asimismo, Bolivia tiene regiones en las cuales casi no surgen futbolistas. Por ejemplo, La Paz, Potosí, Oruro e incluso Sucre, no cuentan con canteras. La única región que promociona jugadores en buen número es Santa Cruz, Cochabamba se recuperó un poco pero no como en otras épocas, Pando y Beni aportan a cuentagotas y el Chaco (Yacuiba, Camiri) tiene su semillero casi aniquilado.
Esto dificulta la conformación de los planteles. Por eso hay tomar en cuenta distintos aspectos a la hora de hablar de los cupos para extranjeros y juveniles, ya que una cosa es lo ideal y otra lo real.
Es necesaria una estructura sólida de fomento al trabajo formativo en los clubes, con incentivos que ayuden a potenciar sus divisiones menores a quienes las tienen y a crearlas a quienes no cuentan con ellas. Después de esto se podría exigir que se juegue con o sin extranjeros, antes no.
No se puede perder de vista que Bolivia por su geografía, por el biotipo, por población, por su pobreza e incluso idiosincrasia, siempre ha tenido un fútbol limitado en cantidad y calidad.
* Foto Los Tiempos: Limberg Cabrera Rivero y Ovidio Messa cuando jugaban en Wilstermann y Chaco Petrolero.
A Blooming le faltó un gol, el jueves en La Paz y ayer acá, en Santa Cruz, y fue eliminado de la Copa AeroSur por Bolívar, que disputará el título del certamen veraniego con Wilstermann, verdugo de The Strongest.De local y visitante estuvo muy cerca de conseguir el gol que necesitaba, en un caso para igualar el partido y en otro para ganarlo, pero sus definidores no fueron certeros ni precisos y desaprovecharon una a una las chances que tuvo.Asimismo, le ocurrió algo parecido en los dos encuentros en cuanto al juego. Desperdició el primer tiempo y en el segundo fue superior pero no consiguió imponerse. Arrancó con demasiada parsimonia, permitiendo asentarse al rival, después aceleró pero no le alcanzó.Ayer, para Bolívar fue un alivio que Blooming desacelera tanto al cruzar la media cancha, dejara de lado el cambio ritmo y el factor sorpresa, se olvidara de explotar los laterales, en especial el de Lorgio Álvarez, y no presionara en la salida.
Así le dio la posibilidad de que Da Rosa manejara la pelota con Lito Reyes, que el otro Reyes, Abdón, tuviera tiempo y espacio para ser salida y desahogo, con lo cual pasó menos sofocones de los previstos en la primera etapa.Lo mejor del primer tiempo, para Blooming, había sido el buen manejo y el andar elegante del paraguayo Villalba, que se mostró como un buen organizador y lanzador, aunque todavía no alcanzó el cambo de ritmo necesario en ese vital sector.Todo cambió en la segunda parte. Blooming se convirtió en el equipo esperado. Se adueñó de la cancha en todos sus sectores, arriesgó, cambió de ritmo, atacó de todas formas y por todos lados. Fue superior a Bolívar, hizo los méritos para ganar, pero (siempre hay un pero...), no pudo saciar su hambre de triunfo y de gol porque no supo definir y porque se encontró con un golero Arias monumental.Así murió Blooming en esta versión de la Copa AeroSur, dejando una imagen de equipo fuerte, sólido, que a veces comete el error de regalar medio partido y que también padece por su falta de puntería.Bolívar, entre tanto, defenderá el título logrado el año pasado, convencido de que después del susto, el gusto.
* Foto El Deber.