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miércoles, 27 de marzo de 2013

DE CARA A LA REALIDAD

SELECCION_ad__Bolivia no puede de visitante y tampoco en casa. Lo poco que tiene futbolísticamente no le alcanzó para ganarle a Argentina y tomarse revancha de la paliza que le dio Colombia.
El empate deja sabor a poco porque Bolivia necesita puntos para jugar por algo hasta el final de la eliminatoria y el punto no alcanza para ilusionarse aunque sea con pelear el repechaje, que corresponde al que ocupa el quinto lugar.
La selección boliviana no tuvo argumentos para superar a una equipo albiceleste que jugó pensando en ahorrar energías para no ahogarse por la falta de oxígeno.
El problema de Bolivia es que además de no contar con argumentos futbolísticos tampoco cuenta con recursos anímicos que le permitan hacer valer la condición de local y buscar la victoria con determinación y convicción.
Es un equipo sin la mística y el amor propio de otras selecciones que supieron, a base de empeño, disimular deficiencias, equilibrar fuerzas, y obtener resultados necesarios y reconfortantes.
Otra vez la carencia de aptitud y la falta de actitud positiva salieron a relucir en un equipo excesivamente lento, poco inteligente para darse cuenta de lo que incomodaba al adversario e integrado por varios jugadores a los que les queda grande la camiseta nacional.
El gol de Martins no ayudó a generar una motivación especial que permitiera crecer como equipo. Al contrario, Bolivia se tornó repetitiva en su juego, sin sorpresa, previsible, fácil de controlar para Argentina.
El Mono Galarza acabó siendo la figura tras evitar el gol en los pies de Palacio y Messi, y en un par de remates del propio astro y otro de Banega, autor del empate.
Bolivia se estrelló otra vez con esa realidad inocultable. No tiene argumentos ni para ganar de local y el Mundial de Brasil es cosa de otros.

lunes, 4 de julio de 2011

LA PLATA HACE LA FELICIDAD

Bolivia y su humildad le hicieron frente a Argentina y sus millones y festejó un merecido empate en la ciudad de La Plata, en la puesta en marcha de la Copa América. 
El entusiasmo, la solidaridad y  el orden del seleccionado nacional le pusieron freno a la suficiencia, el individualismo y desorganización del anfitrión del viejo certamen en el hermoso estadio de La Plata.
Bolivia mostró siempre un sentido de equipo, con jugadores que trataron de cumplir al pie de la letra su papel en el buen libreto elaborado por Gustavo Quinteros, basado en la disciplina táctica, la concentración y la entrega, de principio a fin, para no otorgar ventajas a un rival que en los papeles era superior.
De esa manera incomodó a Argentina, la obligó a sacar a relucir argumentos futbolísticos que finalmente no expuso, y la dejó librada a la inspiración de individualidades de gran valor en el mercado mundial que terminaron fuera de sí al sentirse impotentes por no poder resolver los problemas causados por un adversario inferior.
Así, los centavos empezaron a tener igual valor que los millones, la voluntad se equiparaba al talento, la solidaridad al individualismo, la humildad a la vanidad, y el deseo de triunfar le hacía frente al complejo de superioridad.
El pato de la boda se fue convirtiendo en un gallito de riña atrevido, peleador, respondón, que adquirió fortaleza y seguridad conforme pasaron los minutos y el plan le daba resultados porque estaba bien ejecutado.
Bolivia se hizo fuerte en la tranquilidad de Arias, la determinación de los defensores, la voluntad de Martins, el sacrificio de Robles y Flores (por momentos con más errores que aciertos) y las ganas de Edivaldo, y la estructura se mantuvo firme hasta el final.
Edivaldo se encargó de poner fin a las obviedades, los lugares comunes, la "lógica", los facilismos, utilizados antes del partido al hablar de lo que sucedería en el partido. Enmudeció con su taquito e hizo más gélida, para los argentinos, la fría noche platense.
Argentina fue una constelación de estrellas apagadas.apenas tuvo algunos luceros intermitentes que no alcanzaron a iluminarla. Hasta que ingresó Agüero e igualó gracias a su gran categoría.
Bolivia rompió los pronósticos, evitó la goleada que presagiaban muchos, y acabó dándole la razón a aquellos que sostienen que La Plata hace la felicidad.