Si los equipos se arman de atrás para adelante, como sostienen muchos entrenadores, Bolivia tiene por donde empezar a edificar un nuevo equipo en esta etapa preparatoria para afrontar las eliminatorias del Mundial de Brasil 2014.
Es que si algo rescatable tuvo el seleccionado boliviano en la Copa América fue la zaga titular, tomando en cuenta también al arquero como parte de una estructura defensiva.
Carlos Arias, Lorgio Álvarez, Ronald Raldes, Ronald Rivero y Luis Gutiérrez mostraron solidez y apuntalaron a un equipo que no cuenta con la misma firmeza en el mediocampo y sufre por su anemia ofensiva.
Arias aportó seguridad y serenidad. Se lo vio mucho más maduro. Además, en Israel lo obligaron a bajar varios kilos y eso le permite estar más ágil.
Álvarez recuperó la memoria como lateral, fue más marcador, algo que había perdido en los últimos años. Le sienta mejor el lateral derecho que el izquierdo, aunque haya jugado mucho tiempo por esa banda, por cuestión de perfil, ya que es diestro.
Raldes volvió a ser el zaguero firme de otras épocas. Su experiencia y solvencia ayudan a acomodar mejor la defensa, a ordenar al resto.
Rivero actuó con aplomo y orden. Rindió mucho más de lo que rinde en Bolívar, lo mismo que Lorgio Álvarez.
Gutiérrez fue el lateral fuerte y expeditivo de siempre. Hoy por hoy es más lateral que central. No quepa duda. Además, ¿cuánto tiempo jugó de defensor central en su equipo? Muy poco, casi nada.
La zaga no estuvo exenta de errores, es cierto, pero tuvo un desempeño más que aceptable en líneas generales, y puede mejorar con un poco más de trabajo y partidos de práctica.
El mediocampo es uno de los mayores problemas. Sus volantes de recuperación y obstrucción se desordenan mucho, les falta aplomo, se equivocan demasiado con la pelota. Les sobra voluntad pero carecen de prestancia en un sector vital del juego.
Los mediocampistas que realizan la tarea de ida y vuelta, cuando se opta por el dibujo de cuatro volantes, no imponen presencia, son muy "livianos", se desgastan rápido, por lo tanto terminan ayudando poco en la recuperación y aportando casi nada en ataque, convirtiendo el sector en una zona débil, demasiado frágil.
Asimismo, a la selección nacional le falta mayor agresividad y efectividad a la hora de encarar hacia el arco rival. Su ofensiva es casi nula porque ataca con poca gente, genera pocas situaciones de gol, el grado de aprovechamiento de las situaciones es muy bajo, los atacantes no son resolutivos, demoran mucho con la pelota en la zona de definición, y se tornan previsibles.
Por lo menos, así la vimos en esta Copa América, en el empate con Argentina y en las derrotas ante Costa Rica y Colombia.
Bolivia, entonces, tiene por donde empezar para afrontar las eliminatorias. La defensa está. Queda por encontrar el resto para contar con un equipo mucho más sólido. No será fácil porque valores no sobran. Sin embargo, algo es algo, peor es nada.







