martes, 7 de junio de 2016

SIN NOVEDAD EN EL FRENTE

Bolivia no ofreció mayores novedades en el inicio de su participación en la Copa América Centenario. Sigue siendo la misma de siempre, un equipo débil y vulnerable al que le cuesta jugar bien y ganar.
Sumó una nueva derrota en su historial en el debut frente a la entuasiasta Panamá, que con unos cuantos chispazos y aciertos ofensivos se quedó con la victoria, oscureciendo el panorama nacional en el torneo.
Muy mal la defensa, flojo el mediocampo y débil el ataque. El 3-5-2 delegido por Julio Césaar Baldivieso no funcionó como seguramente pensaba y tuvo que modificarlo al iniciarse el segundo tiempo.
Eguino tuvo una jornada fatal, Zenteno y Cabrera tampoco hicieron pie en la zaga central. Los Bejarano, Diego y Marvin, no cumplieron bien el rol de laterales volantes; no marcaron ni se proyectaron. En cambio, Lampe respondió en el arco.
En el medio, a Fernando Saucedo y Azogue les costó afirmarse en la recuperación de pelota, en tanto que Smedberg resultó importante en su rol de ejecutor de falta con pelota detenidas. El sueco arrimó a Bolivia al arco contrario a punta de tiros libres.
Arriba, Arce se las rebuscó solo y anotó un golazo, el del empate transitorio. A Duk le dieron pocas pelotas, sólo una buena, inmejorable, y falló con el arco por delante porque se dejó robar la pelota al tratar de acomodarse para rematar.
Baldivieso optó por Melean y Jhasmani Campos para modificar el esquema, pasar del 5-3-2 al 4-4-2, contar con más mediocampistas de oficio, sin embargo la mejoría fue a medias y no alcanzó para superar a Panamá.
Era el partido para recuperar confianza y potenciar la fe, aquella que nos ayuda a perseguir la felicidad, cuando las cosas no andan muy bien. Pero Bolivia desaprovechó la ocasión y ahora tiene que cargar con el peso de la desilusión.