martes, 17 de julio de 2012

VOLVER A EMPEZAR

azkarXabier Azkargorta está de vuelta casi veinte años después. Pasaron muchas en ese tiempo, en el fútbol y en su vida, por eso decidió retornar a la selección nacional.
Hoy no es aquel extraño visitante con apellido difícil al que se miraba con desconfianza, al contrario, es un popular y querido habitante más del país al que se recibe con ilusión.
Se ganó el cariño y el respeto de la gente por lo hecho en las eliminatorias del 93. Se sabe. Clasificó a Bolivia al Mundial de Estados Unidos y, además, con el al mando, el seleccionado boliviano le quitó el invicto al poderoso Brasil en la fase clasificatoria.
En pocas palabras, ayudó a restituir el orgullo futbolístico que el país había adquirido con la conquista del Campeonato Sudamericano de 1963, y que había perdido con los continuos fracasos posteriores. Elevó la autoestima. Por eso el ciudadano común lo quiere.
El Bigotón Azkargorta es junto a Ramiro Blacut, el entrenador que más partidos dirigió a la selección nacional (37), y también el más exitoso junto al brasileño Danilo Alvim. Por lo tanto, tiene merecida esta oportunidad, especialmente en este momento en el que el fútbol boliviano no cuenta con demasiadas opciones ni posibilidades
Muchos le observan la edad, le critican su falta de éxitos en sus experiencias posteriores a la selección boliviana, consideran que está desactualizado y sospechan una necesidad de trabajo. Sin querer, voy a salir en defensa suya porque hay mucha injusticia en las cosas que se dicen.
Al respecto vale señalar que Azkargorta no es un jubilado del fútbol, tiene 59 años. Es menor que muchos otros colegas suyos. Por ejemplo, Sergio Markarián, DT de Perú, tiene 67 años, Washington Tabárez, de Uruguay, 65;  Vicente del Bosque, de España, 62, y están totalmente vigentes.
En el fútbol, los éxitos y fracasos están a la orden del día, y mucho dependen de los momentos de los equipos, de los jugadores con que se cuentan. En este caso hay que evaluar tareas, capacidades, formación, experiencia. Y el vasco reúne condiciones para ser tomado en cuenta, mucho más si los otros candidatos son del ámbito nacional.
En cuanto a su relación con el fútbol, siempre ha estado ligado desde un lugar u otro, no siempre como entrenador, es cierto, pero sí como director deportivo, como analista en los medios u otros cargos. Es una persona actualizada.
Y, por último, como cual persona tiene derecho a buscar trabajo. Creo que criticar ganas o necesidades, está fuera de lugar.
Al aceptar el desafío, Azkargorta pone en juego dos cosas que son difíciles de conseguir: el prestigio y el cariño. Pero se la juega porque, seguramente, quiere seguir ligado al fútbol y cree posible repetir los éxitos del pasado.
Cuando se fue, allá por septiembre de 1994, dejó al fútbol boliviano lleno de orgullo y entusiasmo, hoy lo encuentra como cuando llegó la primera vez, debilitado y desanimado.
Nadie puede garantizar nada, se sabe, porque en el fútbol, como él siempre repetía, dos más dos no son cuatro. Ojalá que le vaya bien por la salud del fútbol boliviano.