miércoles, 17 de octubre de 2012

LA MAGIA DEL GOL

Bolivia mejoró, no demasiado, pero mejoró. Claro, el gol, los goles, la goleada, hacen que la victoria, la actuación, se vean en una dimensión diferente a la real, un tanto distorsionada, agrandada.
No se trata de restarle brillo al gran triunfo, ojo, sino de no dejarse marear ni engañar por el exitismo, y tratar de analizar las cosas como realmente fueron, no desde el resultado.
Bolivia jugó mejor que contra Perú y fue superior a Uruguay, sin duda, por lo tanto hubo un avance, aunque hay cosas del funcionamiento que dejan mucho que desear y que la convierten por momentos en un equipo vulnerable
Lo más importante del equipo nacional fue la contundencia, su eficacia ante el arco rival, que no es poco, y que ayudan a solucionar y disimular problemas.
Por ejemplo, Carlos Saucedo, la figura del encuentro, tuvo alrededor de cinco situaciones de gol, y concretó tres. Un oportunista nato que no dejó “sobra” sin aprovechar.
Sergio Galarza respondió bien en momentos claves, Raldes estuvo mejor secundado por Gutiérrez y Zenteno que el viernes pasado, aunque no faltaron los sofocones por distracciones defensivas.
En los laterales, Marvin Bejarano aportó más en salida que en recuperación, en tanto que Rudy Cardozo fue más protagonista esta vez, animándose a romper la zaga uruguaya con su velocidad y habilidad, siendo más profundo en sus incursiones ofensivas.
En la obstrucción, Pedro Azogue trabajó casi solo (sin cometer muchas faltas, a diferencia de Flores), abandonado por Chumacero, quien complicó el sector con su desordenado entusiasmo.
Gualberto Mojica le aportó un poco más de manejo al equipo nacional, aunque por momentos demoró mucho con la pelota en sus pies. Lo suyo es siempre más importante como ejecutor de pelotas detenidas. Una prueba de ello, su golazo de tiro libre.
En el ataque, Marcelo Martins hizo esta vez un trabajo “sucio”, aunque importante. Fue generoso, trabajó para el equipo aguantado pelotas, pivoteando, hasta que se fundió físicamente.
Carlos Saucedo tuvo su día de gloria. Intuición pura, olfato goleador, oportunismo. Siempre estuvo donde tenía que estar. De goleador postergado a héroe nacional. Sus goles le cambiaron la cara a Bolivia.