miércoles, 16 de enero de 2013

UNA HISTORIA REPETIDA

Para Blooming la historia es cíclica. Se repite de tanto en tanto desde que fuera fundado en 1946, en épocas de bonanza y situaciones críticas. Basta ver que el presente es idéntico a otros momentos del pasado.
Hoy está en crisis otra vez. A tal punto que acabó rodando la cabeza de Ricardo Tarabillo y el nuevo presidente del club es Federico “Paco” Sánchez.
Blooming sabe de situaciones complicadas por tuvo varias en su vida institucional y supo salir airoso con ingenio e inteligencia, pero, sobre todo, con mucho amor a la camiseta. Los que sudaron la celeste en aquellos momentos complicados no fueron los jugadores sino hinchas devenidos en dirigentes.
A principios de los 70, alguien tuvo la iniciativa de potenciarlo asociándose con los transportistas, idea innovadora para la época, con el fin de sacarlo de una crisis económica permanente porque no contaba con empresa que lo respalde y vivía del aporte de sus hinchas. Duró poco el acuerdo y volvió a sumergirse en una situación crítica.
A mediados de esa década, de “millonario” solo le quedaba el mote. Poco más de un lustro sufrió para no desfallecer y hacer frente a clubes pujantes, apoyados por empresas sólidas económicamente, como Guabirá, La Bélgica, Oriente Petrolero y Universidad, y entusiastas como Real Santa Cruz.
En ese momento apareció una figura que le cambió la vida, una persona que surgió de sus entrañas, había defendido sus colores como futbolista y era hincha: Roberto Paz Limpias. Fue Tito Paz, junto a un grupo grande de jóvenes y viejos dirigentes, quien inició el camino del cambio. Lo consolidó como un grande del fútbol cruceño y boliviano, y lo sacó campeón nacional por primera vez en 1984.
Después de veinte años de gestión de Tito Paz, Blooming se sumergió en otra crisis casi terminal que le costó el descenso a mediados de los noventa. Pero en aquel momento volvieron a aparecer los bluministas de cepa y lo resucitaron como el ave Fénix. De sus cenizas se convirtió en bicampeón nacional, en 1998 y 1999.
El aporte económico de Roberto Fernández y la buena gestión de Juan Callaú hicieron posible la resurrección. En aquel momento hubo un momento de división. Fernández armó un grupo tratando de desligarse de la vieja guardia celeste, pero esta estaba unida y fuerte, y lo sacó del cargo al mejor estilo de los políticos de oficio. 
Este momento de felicidad duró poco. A principios del 2000 Blooming volvió a estar casi en bancarrota por gastar más de lo que tenía. Le costó mucho recuperarse.
Ahí surgió el liderazgo de Pimpo Bendeck, integrante en aquel momento de una nueva generación de dirigentes que se había formado bajo el ala de importantes directivos, con quien la academia recuperó posiciones. Fue campeón dos veces con Bendeck, en 2006 y 2009.
Para Blooming, lo de Bendeck fue una especie de victoria pírrica, con éxitos a un alto costo, porque se rompió la unidad y terminó dividido como institución, con dos grupos antagónicos que durante décadas trabajaron juntos poniendo siempre como prioridad el interés de su equipo.
Aprovechando este momento de transición, Blooming tiene la gran oportunidad de replantearse muchas cosas como institución y encarar de una vez por todas el tema de fondo que lo tiene en zozobra desde hace tiempo.
Por ejemplo, podrían discutir si no sería mejor acabar con los mandatos largos y dar lugar a la alternabilidad en la presidencia; si es necesario o no vender su sede e irse un poco más lejos para construir otra más moderna y acorde a sus nuevas necesidades, y, de paso, conseguir dinero para sanear el déficit que arrastra; o si no sería oportuno vender una parte de su terreno para acabar con sus deudas; y si no hace falta reorganizar las divisiones menores para que sean una inversión y no un gasto, invirtiendo en personal que le ayude a dar el salto de calidad.
Asimismo, analizar la excelente idea del flamante presidente, de vender metros de terreno de su sede a los hinchas (a 50 dólares el metro cuadrado) y que estos lo regalen al club, para recaudar la plata que necesita Blooming de manera urgente. Algo parecido a lo que hizo San Lorenzo de Almagro en Argentina para recuperar sus terrenos en Boedo y construir un nuevo estadio.
Paco Sánchez tiene mucha experiencia y es una persona respetada en quien la gente de Blooming confía. Es el dirigente ideal para poner las cosas en orden y ayudar a la reconciliación de la familia celeste.