miércoles, 23 de abril de 2014

LA SIESTA CRUCEÑA

Chavez-Blooming-Miguel-Hoyos-Oriente_LRZIMA20120827_0016_12El fútbol cruceño duerme una especie de larga siesta, mientras otros le arrebatan el liderazgo y el protagonismo que supo ganarse en tiempos no muy lejanos gracias al empuje, vitalidad, visión y pasión de quienes lo conducían.
Hoy, el panorama es triste y, en ciertos casos, sombrío. Oriente Petrolero y Blooming, los buques insignia de esta región, van de mal en peor en el torneo Clausura de la Liga, y Guabirá, que pretendía recuperar un lugar protagónico en el contexto futbolero nacional, lucha por no descender.
El novato Sport Boys de Warnes saca la cara, aunque en realidad comparte con Oriente el sexto lugar en la tabla de posiciones. Lo suyo es considerado bueno, siendo regular, porque es su primera experiencia en la Liga.
Mientras tanto, los paceños disfrutan de un presente inolvidable en la Copa Libertadores de América con  Bolívar y The Strongest, con el plus de que pueden ganar el torneo en la Liga; los orureños están entusiasmados con la posibilidad de que San José sea campeón, lo mismo que los chuquisaqueños que se ilusionan con Universitario, y los potosinos que aún sueñan con un batacazo de Real Potosí.
Los cruceños achicaron sus pretensiones. El objetivo es terminar “entre los siete primeros” para conseguir un cupo en un torneo internacional. ¿Ser campeón? Ni pensar, hoy son palabras mayores.
Oriente arrancó el año con la idea de ser campeón invirtiendo mucho dinero y con el pecho inflado por ser el equipo más caro de Bolivia, pero se desinfló al compás del rendimiento de sus jugadores estrella que no aportan lo esperado.
El uruguayo Tabaré Vásquez no conduce bien lo que para algunos era “la Ferrari boliviana”, chambonea y da la impresión que en cualquier momento se estrella porque el fracaso anda cruzándosele en el camino.
Al parecer, sólo un milagro cambiará el final de esta historia. Si no logra clasificar a la Copa Libertadores puede debilitarse de cara al futuro por falta de respaldo económico.
Blooming, sin un objetivo claro ni definido, con equipo casi remendado, rearmado con jugadores que hace más de una temporada que no rinden, y, en su mayoría, sin la jerarquía necesaria para aspirar a algo importante, está a punto de tocar fondo otra vez.
El uruguayo Gustavo Díaz lo dejó peor de lo que estaba cuando llegó, mal armado, sin recambio, mal físicamente y peor anímicamente. El cochabambino Mauricio Soria lo reemplazó y sufre las consecuencias.
La academia invirtió mal lo poco que tenía y tampoco parece contar con mucho respaldo económico para realizar la revolución futbolística que necesita a futuro.
Guabirá empezó varios proyectos en una misma temporada a raíz de los pobres resultados. Sus dirigentes creen tener más de lo que dicen los números, por eso cambian de entrenadores cada rato, receta que casi nunca cura males, urgidos por resultados. Hoy apuestan a Álvaro Peña como salvador.
Los azucareros carecen de una estructura de club, siguen siendo un equipo que se maneja con mucha pasión, sin el tiempo ni la paciencia necesarias para consolidarse como institución que lo ayude a crecer.
Sport Boys aparece como el chico bonito del fútbol cruceño, ayudado por lo mal que anda el resto. Sin embargo aún lucha por alejarse de la zona del descenso y lograr un lugar en una copa internacional.
Es una especie de capricho y, como tal, se maneja de una manera distinta, que no se encuadra en un club de características normales, con estructura consolidada, pero tiene a mano recursos que lo ayudan a mantener una ilusión que no se sabe si será pasajera o duradera.
A este panorama negativo se suma el hecho de que los clubes de la Asociación Cruceña de Fútbol se debilitan cada vez más y no ayudan al recambio de jugadores como ocurría en otras épocas. (Callejas está último en el hexagonal del Nacional B).
Curiosamente, los clubes del interior, que no cuentan ni por asomo con una cantera como la cruceña aún en su peor momento, hoy tienen mejores valores jóvenes en sus planteles. La razón es sencilla, los buscan en todas partes, algo que los clubes no hacen.
El fútbol cruceño necesita volver a las fuentes, recuperar la vitalidad, el ingenio, la visión y la jerarquía que le dieron un lugar en el contexto nacional a partir de los años 70. De lo contrario, seguirá siendo un vagón de cola.