Oriente quiere deshacerse de Julián Di Cosmo porque no colma las expectativas de los dirigentes, pero el jugador no piensa irse porque tiene contrato vigente.
Lo de los directivos de Oriente llama la atención. Di Cosmo llegó a principios de año, jugó poco porque no rindió y recién ahora, a dos fechas de iniciado el torneo liguero, pretenden rescindirle contrato.
¿La gente encargada de armar el plantel verdolaga no se dio cuenta en ocho meses que el argentino no tenía lugar porque no convencía? Un error notorio, sin duda.
Desde que Di Cosmo está en Oriente, destacó sólo en un partido. Fue ante The Strongest, cuando ingresó en el complemento, anotó un par de goles y dio un magnífico pase-gol para que el cotejo, que estaba complicado, acabe en goleada.
De ahí en más, fue al banco de suplentes constantemente. Lo curioso es que en la Copa Sudamericana, frente a Guaraní, cuando hubo necesidad de variante por la lesión de Alcides Peña, el entrenador Pompei optó por él en lugar de Duk, que había hecho varios goles en la pretemporada.
En este caso, hasta el argumento de las distintas características no tiene mucha validez. Duk jugaba y hacía goles, Di Cosmo, como casi todo el tiempo, alternaba de vez en cuando.
El argentino, una mezcla de volante/atacante, siempre había sido tercera opción, hasta cuando se marcharon algunos jugadores. Se fue Carando y llegó Bargas, se necesitaba un mediocampista, y llegó Córdoba… ¿Y Di Cosmo? ¿Para qué estaba, entonces?
Di Cosmo es un jugador hábil, rápido, pero discontinuo en su juego. Lo único que le queda a Pompei es darle un poco más de cabida para que deje de ser un gasto inútil.
Blooming necesitaba un triunfo como se necesita el agua para subsistir. Y llegó, para fortuna de todos quienes conforman la entidad celeste: jugadores, cuerpo técnico y dirigentes.
Si la academia no ganaba se le podía oscurecer más el panorama casi sombrío que vive desde hace un tiempo por la crisis institucional que generó el desfase económico provocado por anteriores gestiones.
Y ganó. A duras penas, pero ganó, y lo logró ante un rival que es un incordio futbolístico, Guabirá, el cuadro azucarero que había dado la nota en su retorno a la Liga hace un par de domingos al vencer al otro grande cruceño, Oriente.
Un penal discutible sancionado por el árbitro le dio la posibilidad a Blooming de lograr el primer triunfo desde que asumió Víctor Hugo Andrada. Gómez acertó y llegó la bocanada de aire fresco que le permitió respirar mejor y más tranquilo.
Andrada continúa con la doble misión de que su equipo logre una identidad de juego que le permita aspirar con menos angustia a los triunfos y sumar unidades para competir con ilusión y esperanza en el torneo.
A Copito, un buen ex jugador (técnico, criterioso, incansable) , curiosamente, le cuesta darle a sus equipos una fisonomía y personalidad definidas. Hoy vuelve a ser ese su desafío para mantenerse en el cargo.
Por lo menos, esta vez llegó el primer triunfo que le traje un poco de paz.
Blooming pretende encontrar solución a los problemas que tiene como equipo y que quedaron en evidencia en su pobre actuación en la Copa Sudamericana.
Sin embargo, el diagnóstico no parece ser el más certero, porque se habla de un arquero y un delantero, pero no se hace mención alguna a la necesidad de fortalecer el mediocampo ni la zaga.
El arquero es una urgencia ante la lesión de Ruth y el delantero una reacción desesperada por la serie de resultados negativos: Blooming no ganó un solo partido desde que asumió Víctor Hugo Andrada.
Sin embargo, el equipo celeste muestra claramente una falencia en el sector medio por la ausencia de un volante con marca y dinámica (tipo Blandón, Tufiño…), y otro con capacidad de ida y vuelta permanente, de buen manejo.
Curiosamente, nadie, ni los dirigentes ni el entrenador, se refiere a ello, tampoco a la necesidad urgente de un lateral izquierdo que, sobretodo, sepa marcar, y a un central de oficio, que ordene la zaga (tipo Schiapparelli, Couceiro, Paredes…).
Andrada improvisa a Sandoval como volante por izquierda, obligándolo a un ida y vuelta desgastante, cuando es un distribuidor de juego de poco despliegue, y se aferra a Gómez por su experiencia, aunque necesita de alguien que lo ayude porque no tiene mucho recorrido.
Los directivos empiezan a cometer los mismos errores de sus antecesores, a los cuales criticaron mucho, poblando demasiado ciertos sectores con jugadores de similares características, realizando gastos innecesarios. Por no elegir bien, empieza a amontonar gente.
Si no cambia el rumbo, Blooming puede sumar más problemas deportivos a los problemas institucionales y caer en una situación ingobernable. Están a tiempo de enmendar errores y ahorrarse problemas.
Oriente Petrolero, la última esperanza nacional en la Copa Sudamericana, terminó siendo otro lamento boliviano al caer por goleada en casa ante Guaraní de Paraguay.
Hizo un papelón en el Tahuichi Aguilera ante un equipo paraguayo que puso al desnudo todas sus flaquezas, dejando en evidencia que su manta es demasiado corta, que cuando quiere atacar, se destapa mucho atrás.
Toda la ilusión que trajo de Asunción por el empate logrado de visitante, se hizo añicos anoche por su falta de recursos y argumentos para disputarle el partido a Guaraní.
Los paraguayos no fueron el rival fácil que muchos presumían después de haberle sacado un punto que incluso le generó una crisis que acabó provocando el cambio de entrenador.
Guaraní lo superó totalmente y, a diferencia de lo que sucedió en Paraguay, esta vez fue contundente, y explotó muy bien las ventajas del dueño de casa.
Las flaquezas de Oriente empezaron en el arquero Arias (salió muy mal en el segundo gol), continuaron por el lateral que custodia el tarijeño Bejarano (los goles llegaron por ahí), siguieron en el medio con la escasez de generación de juego y la falta de profundidad y gol.
A esto podemos sumarle un hecho poco entendible que tiene que ver con Pompei: Cuando salió lesionado Peña, hizo ingresar a Di Cosmo, un jugador que jugó poco, casi nada, en la pretemporada, relegando como opción ofensiva a Duk, goleador de la etapa preparatoria. Coso de entrenadores.
Oriente defraudó y avergonzó a propios y extraños. Resultó una decepción como lo fueron los otros equipos bolivianos, eliminados unas horas antes.
The Strongest se sumó a la lista de equipos bolivianos que fracasaron en la Copa Sudamericana, en la que ya estaban Real Potosí y Blooming tras sus traumáticas eliminaciones.
El empate sin goles en Asunción ante Nacional de Paraguay no resultó la ventaja que se creía y que lo ubicaba, a priori, como el candidato a clasificar por jugar la revancha en La Paz.
The Strongest se dejó madrugar con un golazo de Torales y después todo lo hizo contra el reloj, con un apuro que no es aconsejable porque nubla las ideas.
El Tigre se apuró en empatar, resultado que no le servía porque el gol de visitante favorecía a Nacional; lo consiguió, al empezar el segundo tiempo, y después buscó casi enloquecido un segundo gol que le diera la victoria, que al final no llegó.
El gol, la contundencia, el ser efectivo, son asignaturas pendientes en este nuevo equipo atigrado, que se quedó en el camino pese a tener casi todo a favor.
The Strongest no ganó ni perdió, tuvo una actuación decorosa, sin hacer papelones, pero igual engrosa la lista de fracasos bolivianos en esta Copa Sudamericana. Otra vez será.
Blooming perdió ante River Plate de Uruguay algo más que un partido que lo dejó afuera de la Copa Sudamericana. Perdió imagen y prestigio por no estar a la altura de las circunstancias.
Fue a Montevideo a caer por goleada (4-0) pero también a estropear su imagen de equipo profesional, serio (?) y grande, porque no encaró el torneo como debería hacerlo.
La diferencia entre uno y otro equipo fue notoria. Y eso que no enfrentó a uno de los poderosos del fútbol charrúa, sino a un equipo formador de jugadores que de tanto en tanto se mete en estas lides. Pese a ello, el River charrúa lo dejó casi en ridículo.
Hubo razones de peso para tamaña diferencia. Por un lado la estructura de equipo y por otro el aspecto atlético. River fue un equipo ordenado, con una idea bien definida y veloz, con una formación base que lo hace consistente.
Blooming, todo lo contrario: lento del medio para atrás, desordenado, inseguro en la marca, poco profundo, y sin una formación definida. Andrada realizó ¡seis! variantes para jugar en Uruguay…Un par obligadas (Reina dejó el club y Moreyra expulsado) y otras innecesarias.
Además, inexplicablemente, la academia tiene en su onceno varios jugadores excedidos de peso, imposibilitados del ida y vuelta que exige el fútbol en estos tiempos, y que además se veían ridículos ante rivales atléticos, delgados y veloces…
¿Se puede concebir algo así en estos tiempos ante un fútbol profesional y frente a un compromiso internacional? Seguro que no. ¡Una balanza urgente en la sede celeste! Y mayor seriedad en el cuerpo técnico.
Blooming otorgó todas esas ventajas y pasó un papelón. Las heridas se le pueden notar por un buen tiempo si no
se somete a una cirugía mayor, o, por lo menos, a un lifting, aunque algunos
necesitan una “lipo”.
Real Potosí se aplazó sin derecho a desquite ante Universidad de Chile y quedó al margen de la Copa Sudamericana.
El equipo potosino no pudo hacer valer el 3 a 1 conseguido en la Villa Imperial al ser aplastado por la U chilena, que impuso su jerarquía y le despachó de vuelta con un inapelable 5-0.
Los bolivianos ya habían quedado sin la ventaja obtenida a los pies del Cerro Rico al irse al descanso, pese a haber planteado defensivamente el encuentro. Con el 0-2 estaban eliminados.
En la segunda etapa no pudo aguantar la presión del cuadro local para evitar goles e intentar la hazaña de convertir por lo menos un tanto. Pero no contó con la fortaleza suficiente y acabó vapuleado.
Universidad de Chile hizo lo que no logró Real Potosí jugando de local, ser contundente. Demostró su superioridad a punta de goles y avanzó a la próxima ronda.
Para los potosinos, otra vez hasta una nueva oportunidad. Aunque en esta ocasión la despedida fue penosa.
Esta vez no hubo invasión ni agresión de ningún desubicado que bajó de las tribunas. Blooming fue invadido por el desconcierto, por la falta de argumentos para contener a un impetuoso adversario y por la carencia de recursos para llegar al gol.
Todo eso conspiró contra un Blooming que una vez más empezó dando un paso en falso en la Copa Sudamericana al caer en casa ante River Plate de Uruguay como hace un par de años, por el mismo torneo.
La academia sintió el trajín, el ritmo que le impuso el cuadro charrúa, un onceno sin figuras pero con mucha dinámica que lo incomodó y lo lastimó a pura velocidad. No pudo sostenerle el ritmo en el segundo tiempo, tras una etapa inicial pareja, se desdibujó y acabó rendido.
El principal problema lo tuvo en la media cancha, poblada de gente a la que le cuesta el ida y vuelta permanente que exigen este tipo de partidos. El mediocampo, pulmón de un equipo, sufrió una barbaridad para sostener el encuentro, no está para presionar, achicar y atacar, y fue totalmente vulnerable.
Aunque lo peor es la falta de autocrítica de alguno de sus integrantes (“no sé que partido vieron ustedes los periodistas… jugamos bien), que al final partido estaban convencidos de haber jugado un buen compromiso.
En realidad, el partido que vimos nos dejó la imagen de un Blooming demasiado largo, con muchos espacios sin llenar por una cuestión de disposición táctica; delanteros poco asistidos y una defensa demasiado expuesta por la falta de contención en el medio.
También observamos que Copo Andrada prefirió modificar el andamiaje ofensivo incluyendo al español Koke (mostró algo de sus buenos antecedentes y kilos demás), el repatriado Ángel Cuéllar (vivió unos años en España) y Miguel Loaiza, en lugar de apuntalar el mediocampo, que era una especie de colador.
Lo hecho por el golero Ruth, algunos buenos momentos de un recuperado Joselito Vaca y el criterio de Sandoval, no alcanzaron para rendir como un equipo sólido, competitivo, a la altura de las circunstancias.
Blooming pudo empatar, es cierto, contó con un par de ocasiones, pero también es verdad que pudo haber perdido por una mayor diferencia de goles.
Lo mejor de Blooming fue su gente, que otra vez le pone el hombro en su momento más difícil. Ahora falta que el director técnico y los jugadores respondan a esa fidelidad. Anoche quedaron en deuda.