lunes, 6 de febrero de 2012

DE MAL EN PEOR

20111121_43149Blooming se metió en problemas y pareciera no tener quién lo ayude a salir de ellos. En las tres primeras fechas dejó al descubierto una actitud negativa desde el punto de vista anímico y errada en cuanto a lo futbolístico, que lo involucraron en la zona del descenso.
Ayer, frente a Bolívar, se lo vio como un equipo derrotado, sin ánimo, como si soportara una carga pesada que le impide jugar con entusiasmo y alegría, que lo agobia y lo sumerge en una apatía que no le permite luchar con energía ante la adversidad.
Sacripanti fue la imagen viva de esa negligencia, con su andar cansino, casi indolente, indiferente ante lo que sucedía, que no era otra cosa que una goleada con apenas medio tiempo disputado.
Sus líderes transmiten poco y nada. Galarza suma errores y Valdés sólo contagia lentitud. Boyero, segundo en el podio de caudillos elaborado por los hinchas, poco puede hacer porque está, injustamente, relegado al banco de suplentes. Chávez tampoco coopera porque no encuentra su lugar en la cancha.
Las nuevas incorporaciones, contratadas en busca de soluciones, empiezan a ser vistas como un problema porque la mayoría no aportó mucho en el inicio. Sacripanti, Baroni y Vazzoler no han mostrado le jerarquía que requiere Blooming para convertirse en un equipo fuerte y ganador. Sólo el cochabambino Amilcar Sánchez contribuyó un poco con su habilidad, aunque sin pesar demasiado en el juego.
Edgardo Malvestiti carga sobre sí el peso de no haberle dado una fisonomía definida ni haber logrado conformar un grupo fuerte en el aspecto anímico, pese a que lo dirige desde el año pasado. También es responsabilidad suya la elección de los refuerzos.
Algo falla en la academia desde hace tiempo. Malvestiti tampoco le encuentra la vuelta. Apenas ganó tres partidos de los trece que lleva dirigidos. Hoy, Blooming sigue tan débil como el año pasado. Vulnerable en defensa, frágil en el medio e improductivo en ataque.
Van apenas tres fechas, es cierto, pero Blooming no puede darse el lujo que tienen otros de esperar con paciencia porque lo acecha la sombra del descenso