lunes, 24 de diciembre de 2012

LA GUERRA DE LOS EGOS

hinchas_bloomingBlooming está en un momento especial, de toma de decisiones que influirán en su futuro, por lo tanto, los pasos a dar por quienes lo conducen tendrían que ser lo más cuidadosos posibles.
La academia necesita hoy gestos de grandeza que lo ayuden a crecer en lugar de conflictos, de posturas mezquinas que la achiquen y deterioren su imagen más de lo que se la está estropeando.
Curiosamente, quienes de una u otra manera, de forma personal o familiar, ayudaron a florecer y edificar lo que es institucionalmente la entidad celeste, sin quererlo, atentan contra su supervivencia pacífica y democrática, y contribuyen a una especie de guerra fratricida.
Blooming es una familia dividida, un grupo de amigos enfrentados, incapaces de sentarse a dialogar, a debatir, a discutir, a exponer criterios, a polemizar, a aportar soluciones, de manera civilizada, con el único propósito de darle una salida inteligente a la crisis económica.
Hoy el conflicto principal se centra en la venta de una parte de los terrenos de la hermosa sede social para afrontar la grave crisis económica que confronta el directorio actual.
El oficialismo lo justifica y se apoya en el Estatuto reformado hace poco y en hechos históricos similares (venta de valioso patrimonio) afrontados por la familia celeste, y la oposición lo considera innecesario y critica la falta de gestión para conseguir dinero.
La realidad indica que la dirigencia actual no puede sostener sola la institución si no consigue una fuente de recursos solvente, porque económicamente no cuenta con el respaldo suficiente para sostener lo que demanda el club.
La academia tiene gente valiosa como profesional y también cuenta con dirigentes de “carrera”, que no son paracaidistas ni oportunistas, sino aquellos que empezaron de abajo, que debilitan sus fuerzas al estar enfrentados.
El último torneo fue un éxito desde la gestión deportiva y de marketing, con iniciativas que acercaron a la gente celeste al estadio, prueba de ello es que partidos que habitualmente convocaban alrededor de tres mil personas, se jugaron con más de diez mil espectadores.
Esa es una manera de estar vigente y de sentar presencia, una forma de crecer, como lo exige una institución como Blooming. Punto alto para el directorio.
Para un club grande como Blooming no es la mejor de las opciones el pretender achicarlo ni desmantelarse, tampoco generar desmotivación en sus hinchas disminuyendo su potencial futbolístico.
Por todo ello, hace falta un gesto de grandeza en opositores y oficialistas. Que se pongan la camiseta celeste y ganen por goleada al Deportivo soberbia.