jueves, 20 de diciembre de 2012

EL FINAL DE UNA TRISTE HISTORIA

ORIENTE___ADOriente Petrolero no pudo cambiar el curso de la historia en este semestre y acabó soportando una nueva decepción con un resultado que termina siendo una verdadera pesadilla: el empate.
De no creer. Ganaba, estaba cerca de cambiar el premio menor por un premio mayor, quedarse con un lugar en la Copa Libertadores de América y dejarle a Bolívar la Copa Sudamericana, pero se dejó empatar y perdió a los penales.
En el estadio Félix Capriles, escenario cochabambino que lo tuvo como protagonista en tantas batallas, Oriente se estrelló nuevamente con una realidad que lo relegó a la mitad de la tabla y lo obligó a conformarse con un premio menor.
Oriente no pudo con Bolívar, al que lo tuvo en sus manos en casi todo el segundo tiempo. Había remontado el marcador, que el final sería menos amargo, sin embargo, un error garrafal del golero Arias le dio vida a Bolívar que le arruinó la noche. 
Los penales fueron otra pesadilla. Bolívar resultó más certero, el juvenil arquero Quiñonez afortunado, y lo amargó al albiverde más de lo que estaba.
Oriente fue un fiel reflejo de este semestre para el olvido. Con más errores que aciertos, muchos altibajos, individualidades intermitentes, un grupo con cortocircuitos e inconsistencia futbolística para sostener resultados.
En todas las líneas tuvo problemas. Contó con cuatro arqueros, dos de ellos considerados titulares (Arias y Britos), y ambos le dieron dolores de cabeza con sus notables yerros.
La zaga sigue siendo un sector vulnerable, inseguro, carente de un un líder que ayude a poner las cosas en orden.
El mediocampo tampoco tuvo un conductor nítido y a sus componentes les faltó continuidad. Le costó tener equilibrio y le faltó generación de juego.
En el ataque le faltó el peso que se necesita para definir partidos. Poco gol y poca profundidad.
Todo esto lo convirtió en un equipo inestable, que no perdió mucho pero que empató demasiado. Y en el fútbol es necesario sumar de a tres para tener aspiraciones.
Oriente no pudo maquillar su crisis, al contrario, la derrota con Bolívar la pone en evidencia. El peor final para una triste historia.