domingo, 16 de octubre de 2011

UN FÚTBOL DE MENTIRA

El fútbol boliviano se ha convertido en una especie de escenario político donde existen un oficialismo y una oposición que terminan manejado discursos similares referidos a los cambios estructurales que hacen falta con urgencia, aunque en la práctica todo sigue igual desde hace mucho tiempo.
Todos critican el presente del fútbol de nuestro país pero nadie hace nada para cambiar la situación. Se quejan los dirigentes, se quejan los futbolistas, protestan los hinchas y también despotricamos los periodistas, casi al unísono.
Todos coinciden en que se trabaja mal en divisiones y por ende no hay promoción de jugadores, que el fútbol boliviano está sumergido en la mediocridad, que los clubes viven una crisis económica permanente, que las recaudaciones son cada vez más bajas, salvo raras excepciones, por los torneos poco atractivos, etc, etc. Sin embargo nadie toma medidas.
De un lado está el oficialismo, integrado por la cúpula dirigencial nacional y algunos dirigentes de clubes, partidario del cambio de boca para afuera, aunque en realidad se siente muy cómodo en esta especie de inercia que no lleva a ninguna parte.
Del otro se encuentra la oposición, conformada por quienes exigen que se modifiquen las anquilosadas estructuras para encontrar, supuestamente, el rumbo correcto. Este grupo se pronuncia cada vez que la Selección entra en crisis, pero todo no pasa de un simple "cacareo" que se diluye rápidamente.
Curiosamente, quienes forman parte de la actual dirigencia nacional llegaron a donde están con la misma intención de aquellos que hoy piden cambiar las estructuras consideradas no solamente obsoletas sino perjudiciales para el progreso de nuestro fútbol.
Asimismo, varios de aquellos que surgen en este momento como abanderados del cambio ya estuvieron en posiciones de privilegio y no llevaron a cabo ninguna medida que hoy exigen, como ser la famosa “reestructuración”.
El oficialismo se queja de la Selección, del tiempo que deben darle para su preparación y del perjuicio económico que les causa a los clubes, pese a que viven a expensas de lo que recauda el equipo nacional por la venta de sus derechos de televisión y de las recaudaciones.
Lamenta, a la vez, el bajo nivel de la competencia local y la falta de ingresos, pero, contradictoriamente, no buscan alternativas que permitan modificar la situación actual, al contrario, se empecinan en mantener las cosas como están.
La oposición, encabezada por el club Bolívar y apoyada por una minoría de clubes, critica la situación actual de nuestro fútbol y responsabiliza al oficialismo de la crisis al considerar que no busca soluciones, y pide que dé un paso al costado. 
Ahora, los futbolistas, representados por FABOL, se sumaron a los reclamos e hicieron oír su voz de protesta, al considerar que son las víctimas de la situación en que se encuentra nuestro fútbol, pero que siempre terminan siendo considerados los culpables de los fracasos.
Dudo de todos. Si realmente quisieran un cambio de verdad tomarían medidas de hecho. Los oficialistas podrían presentar un plan serio y coherente a implementarse cuanto antes, los opositores podrían amenazar con no participar en los torneos si no se lleva a cabo el cambio a corto plazo, y los futbolistas podrían para el fútbol si no se lleva a cabo la reestructuración de manera inmediata.
El fútbol boliviano ha vuelto a tocar fondo, como otras veces, y pide cambios a gritos. Cambios de verdad para dejar de ser una gran mentira.