
Esa fe inquebrantable que transmitía su entrenador, Copo Andrada, y manifestaba su presidente, Pimpo Bendeck, en todo momento, se hizo piel en los jugadores, le permitió ir superando obstáculos hasta consagrarse campeón boliviano por quinta vez en su historia.
Por esa razón pudo ganarle la pulseada a uno de los rivales a los que más le cuesta superar cuando juega de visitante y en un escenario donde también soportó los peores contrastes en su sexagenaria existencia.
Blooming dejó atrás las malas experiencias, se puso el overol porque el momento no estaba para el traje y la corbata, se hizo fuerte como grupo, acicateado por el optimismo de Andrada, se armó de coraje y fue en busca del título.
Andrada, consciente de que en la altura hay que dosificar energías y el local tiene casi siempre la iniciativa, preparó a su equipo para la lucha, armó un cerrojo defensivo para entorpecer el afán ofensivo de Bolívar, lo mentalizó para mantener el orden y no desesperarse ante el asedio constante. Todo le salió como lo planeó.
Hoy todo Blooming disfruta y grita a todo pulmón, con fuerza y legítimo orgullo: ¡pentacampeón!
* Foto Jornada.
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