
Después de años de ausencia, tras su exitoso paso como jugador, salió a la cancha como entrenador del cuadro rojo y su equipo dejó una buen impresión, incluso mejor que la de su rival, según los diarios, al mostrarse más ordenado, impetuoso y ambicioso en el encuentro que se llevó a cabo en La Caldera del Diablo de Montero.
Con la experiencia de Sergio Galarza en el arco y la solidez de los argentinos Delio Ojeda y Claudio Centurión en la zaga central, el cuadro azucarero realizó un aceptable encuentro y estuvo cerca del triunfo.
La Bruja Lígori sabe muy bien que los equipos no se arman con pociones mágicas y que a los rivales no se les gana ni se les saca ventaja con manzanas envenenadas, sino con trabajo y formando un grupo sólido.
Guabirá no embrujó a nadie con su fútbol, es cierto, pero mostró que empezó a caminar con pasos firmes.
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