lunes, 4 de mayo de 2009

DOCTOR JEKYLL Y MISTER HEYDE

Blooming tiene una crisis de identidad. Cambia a cada momento. Pasa de un rato a otro del orden al caos, del exceso de velocidad a la demora excesiva, del toque al pelotazo intrascendente, del intento de juego prolijo al individualismo caótico, de la contundencia a la inoperancia, de la presión a la pasividad, del gozo al sufrimiento. Al final, uno no sabe cuál será el Blooming que dure más tiempo en el partido.
Es una especie de doctor Jekyll y mister Heyde, aquel individuo de la doble personalidad. Cambia, cambia demasiado. No es un problema de sistema táctico, sino de intérpretes, y, quizá, tenga que ver con la falta de patrones futbolísticos dentro de la cancha.

Ayer fue eficaz y efectivo de entrada. Logró ponerse en ventaja gracias al oportunismo de Boyero y luego empezó con sus devaneos emocionales que terminaron convirtiéndolo en un enigma futbolístico que hizo poner los nervios de punta a sus hinchas.
Blooming está peleado con la pelota, le cuesta manejarla, por eso la presta tanto tiempo al contrario, y termina dominado. Es demasiado confuso cuando la tiene en su poder, porque sus jugadores, por lo general, la dividen a pelotazos (volantes y defensores), o se engolosinan demasiado (caso Verduguez), lo que deriva en falta de sorpresa y claridad.

El golazo de Chávez le llegó en el momento justo. Sin embargo, en una jugada confusa se complicó la tarde-noche, por estar más pendientes del reclamo que de la pelota y el rival. Un lateral que era para Blooming terminó siendo de Universitario, previa avivada de Sillero, y un contragolpe letal que definió muy bien el argentino.

La U, que manejó con tranquilidad y criterio la pelota, se le fue encima al final y casi empata. El pitazo final fue un alivio. Así es Blooming. No explota todas sus virtudes y termina sufriendo.

*Foto El Deber

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